Revolución y antipsiquiatría (Revista Ozono, 1977)

Una de las tareas que teníamos un tanto descuidadas en los últimos tiempos en Primera Vocal ha sido la de compartir materiales difíciles de encontrar con los que poder componer una historia de la psiquiatría y sus resistencias (al fin y al cabo presentamos nuestro proyecto como un “archivo”, un espacio digital que busca sortear la inmediatez que caracteriza al tiempo en el que vivimos a la vez que acerca a nuestros lectores escritos o vídeos de otras épocas, ayudando a pensar dónde estamos y, en cierta medida, de dónde venimos). Con independencia de que estemos de acuerdo o no con la totalidad del contenido de los textos que subimos a la web cuando hacemos estas pequeñas incursiones arqueológicas, y de su obligada descontextualización, no podemos resistirnos a establecer ciertas comparaciones entre las publicaciones que se hacen hoy en día y los textos divulgativos que se redactaban hace cuatro décadas. De alguna manera, en determinados espacios culturales que emergieron en los estertores del franquismo y en los lodos de la transición había un apetito por conocer realidades silenciadas, un interés colectivo (aunque no de masas, no nos engañemos) que hoy ha sido sustituido por una parcelación y especialización que limitan el alcance de determinadas ideas. Pareciera que lo relacionado con la salud mental es algo de lo que básicamente participan las personas afectadas de manera directa y los profesionales que trabajan en ese ámbito, quedando entonces en un segundo plano su vínculo esencial con la condición humana y, por tanto, su interés universal. Dicho con otras palabras: pensar sobre la locura es algo que todo el mundo debería hacer, y habría que configurar los artefactos necesarios para que esa necesidad llegue tan lejos como se pueda… El público debería poder ser cualquiera, pues cualquiera puede llegar a enloquecer.

En esta ocasión os ofrecemos un artículo escaneado de la revista Ozono (procedente del número 19, abril de 1977), que fue publicada entre los años 1975 y 1979. Pedimos disculpas por la calidad.

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Franco Basaglia: “Debajo de toda enfermedad psíquica hay un conflicto social”

  Texto publicado en El País por Alfonso García Pérez el 5 de Febrero de 1978.

«Bajo toda enfermedad psíquica hay un conflicto social.» Esta aseveración resume el pensamiento de Franco Basaglia, considerado uno de los fundadores de la denominada antipsiquiatría, que dirigió ayer en Madrid un vivo debate, en la sede del Hospital de la Cruz Roja. Basaglia criticó fuertemente las prácticas psiquiátricas, la organización hospitalaria, en general, y al propio Laing, que, según él, no ha llegado a la conclusión final de sus especulaciones.

«El biologismo está en descenso -dijo Basaglia-. Después vino el psicoanálisis… Y éste está siendo sustituido por el conductismo, que, al explicar el aprendizaje de los niños, por ejemplo, como un sistema de premios y castigos, muestra cómo la ciencia es un sistema de control social». Para Basaglia, la ciencia es empleada por la ideología dominante. Lo que sucede es que su modo de ejercerse cambia con las circunstancias. «Se advierten claramente tres etapas en la psiquiatría moderna -prosigue Basaglia- En el siglo XIX, bajo la influencia de la incipiente revolución científica, se produce la psiquiatría de los electro-shocks; después, con el desarrollo de los fascismos, la violencia se acentúa: entonces tiene lugar la psiquiatría de los shock con insulina, las lobotomías…; en el actual momento, más democrático, el poder se difumina; es el momento de los barbitúricos y la psicoterapia… Todo el mundo quiere tomar barbitúricos y hacer psicoterapia…».

Para el antipsiquiatra italiano, «bajo toda enfermedad o trastorno psíquico hay un problema social». El problema psiquiátrico es, por tanto, más que psiquiátrico: afecta a la medicina general, a la sociedad entera: «En Chile, durante el Gobierno de la Unidad Popular, por ejemplo -continúa-, disminuyó el alcoholismo. ¿Por qué? ¿Es que había mejores técnicas psiquiátricas? No; es que estaba cambiando el contexto social…».

Sobre contenciones mecánicas: algunos rápidos y breves apuntes sobre la jurisprudencia del TEDH (artículo completo); de Francisco Miguel Fernández Caparrós

En los últimos años ha comenzado a abrirse paso un debate entorno a la aplicación de medidas coercitivas en el ámbito de la salud mental. La emergencia de colectivos, activistas  y campañas que exigen el fin de las contenciones mecánicas (como #0Contenciones), la atención pública suscitada por la muerte de Mamadou Barry o Andreas Fernández tras haber sufrido una contención o las recomendaciones realizadas por distintas instituciones y organismos internacionales -como, por ejemplo, el Comité para la Prevención de la Tortura del Consejo de Europa o el Relator Especial sobre la Tortura de Naciones Unidas- solicitando la supresión de este tipo de medidas creo que son algunas de las causas que explican este creciente interés alrededor de las contenciones mecánicas. En este texto me centraré en comentar algunas de esas resoluciones así como tres sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) que considero especialmente relevantes al respecto.

En el ámbito internacional contamos desde hace varias décadas con distintos instrumentos normativos que han establecido una serie de principios a este respecto tales como la Resolución 46/119, 17 de diciembre de 1991, para la protección de los enfermos mentales y el mejoramiento de la atención de la salud mental, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas; la Recomendación (83) 2 del Comité de Ministros a los Estados Miembros sobre la protección legal de las personas que padecen trastornos mentales, internados como pacientes involuntarios, adoptada por el Comité de Ministros del Consejo de Europa el 22 de Febrero de 1983; la Recomendación 1235 (1994), sobre psiquiatría y derechos humano, adoptada por la Asamblea del Consejo de Europa el 12 de abril de 1994; o la Recomendación (2004) 10 del Comité de Ministros a los Estados Miembros, relativa a la protección de los derechos humanos y la dignidad de las personas aquejadas de trastornos mentales, adoptada por el Comité de Ministros el 22 de noviembre de 2004.

Además, hace apenas unos meses, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó la Resolución 2291 (2019) que lleva por título Ending coercion in mental health: the need for a human rights-based approach en la que “se insta a los Estados miembros a que inicien de inmediato la transición hacia la abolición de las prácticas coercitivas en los servicios de salud mental”. El informe que acompaña a la resolución merece una lectura. Entre sus conclusiones podemos leer que los países que conforman el Consejo de Europa se detecta “un aumento general en el uso de medidas involuntarias en los entornos de salud mental”. La causa, según explica el informe, es “una cultura de reclusión que se centra y se basa en la coerción más que en prácticas respetuosas de los derechos humanos; incluido el derecho a la atención de la salud sobre la base del consentimiento libre e informado”.

Este documento se ha elaborado a partir de un reciente estudio que analiza las transformaciones que se han producido entre 2012 y 2017 en las prácticas de las instituciones de salud mental. Una de las conclusiones que arroja es que si en la edición anterior de dicho informe “varios países estaban planificando o aplicando reformas progresivas y prometedoras en relación a la capacidad jurídica […] en 2017 nuestro informe ha constatado que sólo algunos países han cambiado realmente su legislación”. En general, sostiene el estudio, “las pruebas obtenidas en este informe muestran que los problemas de derechos humanos a los que se enfrentan las personas con problemas de salud mental y discapacidades psicosociales, tanto dentro como fuera de los servicios de salud mental, deben seguir siendo motivo de gran preocupación”.

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