Dossier Alternativas psiquiátricas (Revista Ozono, 1978)

Dossier publicado en la revista Ozono,  Nº 31 Abril 1978.

Continuamos con nuestra pequeña labor de arqueología documental: 14 páginas con consideraciones generales sobre la necesidad de construir alternativas a la disciplina psiquiátrica, pequeñas reflexiones históricas, mapeos de la situación en la época, Basaglia, apreciaciones sobre la situación asistencial del momento en el estado español, un curiosa entrevista a tres profesionales (uno de ellos González Duro) y, para terminar, uno de escasos documentos que se pueden encontrar con palabras del Colectivo Psiquiatrizados en Lucha, al que debemos la manera con la que nos llamamos a nosotros mismos.

Han pasado 41 años, que cada cual haga sus propias valoraciones.

Dossier alternativas psiquiátricas

“La vida indigna de ser vivida”: política, eugenesia y enfermedad mental en la Alemania Nazi; de Nicolás Pablo Ferraro y Andrés Rousseaux

Este texto constituye un buen acercamiento a la función de la psiquiatría en el régimen nazi (aunque presta quizás demasiada atención a la importancia de la burocratización a la hora de “diluir responsabilidades”). Un esbozo de los desmanes del biologicismo que no se enseña en las facultades de psicología y medicina, y que sin duda es necesario tener presente… Al fin y al cabo, es parte de la historia de muchos nosotros y nosotras, y el hecho objetivo de que no se tenga en cuenta reproduce en última instancia el valor real que se nos otorga desde dichas disciplinas.

El objetivo de este artículo es analizar las relaciones entre las estructuras de poder político – ideológicas y el campo científico a través del caso de los programas y las prácticas de eugenesia bajo el régimen nazi. Se reconstruyen las relaciones entre el estado y el campo científico alemán desde principios del siglo XX, las implicancias de esta asociación en el proyecto eugenésico (y eutanásico), y la participación de la psiquiatría en particular en la realización del mismo.

Fragmentos:

“La propuesta de su trabajo [de Friedrich Wilhelm Schallmayer, a comienzos del siglo XX] era imponer una dirección eugenésica a la medicina, vista la naturaleza hereditaria tanto de las enfermedades mentales como de los desórdenes de la personalidad. Para ello, postulaba medidas tales como la creación de equipos de valoración de la salud mental, formados por médicos que, como funcionarios del estado, emitieran juicio acerca de la situación de los pacientes en general y de todos aquellos calificados como `anormales´ en particular; que todas las personas tuvieran `pasaportes de salud´para diferenciar sanos de insanos; que los enfermos mentales no fueran devueltos a la sociedad, para evitar su descendencia.”

“El programa de eutanasia emprendido en 193 un llamativo ejemplo de cómo la racionalización de un procedimiento puede instrumentalizar a un grupo profesional, creando una falsa conciencia su responsabilidad en los hechos. Se ocultó inicialmente el objetivo del programa a los directores de los institutos con formularios ambiguos, lo que llevó a éstos a creer que solo se trataba de un registro de mano de obra. Dicho formulario iba a la oficina de eutanasia T4 de Berlín, donde se hacían tres copias; estas se mandaban a tres peritos subalternos que trabajan por separado. Estos a su vez mandaban sus dictámenes a un perito superior que escribía sus notas en un cuarto formulario y, según éste, paciente quedaba en su instituto o era trasladado para su posterior eliminación.”

“La burocratización de la conciencia y la práctica de la medicina es parte necesaria de la explicación del rol activo de la psiquiatría en el programa eugenésico Aktion T4, que se encargó de la esterilización de 400.000 personas con padecimiento psíquico (en un amplísimo espectro que abarcaba el retraso mental, psicosis y la homosexualidad), y la muerte de aproximadamente 275.000 personas. Este proceso no puede ser desvinculado de la larga tradición de subordinación
del campo científico al estado, cuya intervención en el ámbito de las ciencias de la salud demostró considerable eficacia.”

La vida indigna_Artículo completo

Publicado en la revista Temas de la historia de la psiquiatría argentina (2014), número 33.

En salud mental hay que abandonar el lenguaje del “trastorno”; dePeter Kinderman, John Read, Joanna Moncrieff y Richard P Bentall

Os dejamos con un texto del 2013 que nunca está de más volver a leer. La traducción de Viento Sur ha sido retocada puntualmente para facilitar su comprensión.

Introducción

Podríamos estar en el umbral de un importante cambio de paradigma en nuestro pensamiento sobre los trastornos psiquiátricos. La revisión del Manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM), creado para la clasificación y diagnóstico del malestar humano, que conducirá a su quinta edición (DSM-V)[i], ha servido como catalizador para que se haga público un amplio abanico de críticas (ver especialmente: www.ipetitions.com/petition/dsm5/). En este debate se han identificado significativas deficiencias en las propuestas específicas de revisión, a la vez que se han subrayado debilidades científicas, filosóficas, prácticas y humanitarias en los planteamientos del diagnóstico del bienestar psicológico que fundamentan el sistema DSM. Este debate nos da la oportunidad de proponer una fundamentación más científica y un sistema de ayuda clínica más útil.

Los problemas con el diagnóstico

Los sistemas de diagnóstico en psiquiatría siempre han sido criticados por su escasa fiabilidad, validez, utilidad, pobre epistemología y humanidad. Con gran esfuerzo y sistemas estandarizados, es posible generar diagnósticos fiables[ii]. Pero tales sistemas rara vez se usan en los entornos asistenciales, y como sabemos, es totalmente posible diagnosticar de manera fiable diagnósticos que no tienen validez alguna (conseguir un mero acuerdo entre los diagnosticadores no garantiza que los diagnósticos correspondan a agrupaciones significativas de síntomas, que respondan a unos mecanismos fisiológicos y causas específicas del trastorno, y que, a la vez, predigan la efectividad de tratamientos concretos).

La escasa validez de los diagnósticos psiquiátricos —su incapacidad para corresponder a cualquier entidad discernible en el mundo real— se demuestra por su fracaso a la hora de predecir la evolución o indicar qué opciones de tratamiento son beneficiosas, así como por el hecho de que no corresponden exactamente con hallazgos biológicos, los cuales, a menudo, son inespecíficos y traspasan los límites de los diagnósticos concretos.

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