Apuesta ganadora, ¿para quién?; de J. Agustín Franco Martínez

Desde Primera Vocal nunca hemos publicado textos que apunten a la relación entre el juego y el sufrimiento psíquico. Se trata de una cuestión de triste actualidad a la que queremos ir dando cabida con artículos y reflexiones que nos ayuden a pensar el tema con cierta profundidad. Esperamos revertir este vacío en nuestro archivo de materiales y comenzamos con un breve y contundente artículo de opinión.

En cada cita con las urnas se difunde sin descanso el mensaje liberal contra los impuestos, un mensaje infantiloide que transmite la idea de un estado confiscador, que quita sin dar a cambio una justa contraprestación.

Curiosamente nada se dice de los impuestos encubiertos que impone el sector empresarial sin ninguna discusión ni debate democrático, y que además no tienen una finalidad pública. Y no nos referimos ahora a los impuestos que evade hacia paraísos fiscales.

Hablamos, por supuesto, de dos impuestos que todos sufrimos a diario y en silencio. Uno masivo y más conocido. El impuesto de marketing por las actividades de propaganda y publicidad para acercar física y emocionalmente los productos a los consumidores. Y el otro selectivo y algo más desconocido. El impuesto del juego por los costes en salud pública, principalmente, de las adicciones que genera. Un impuesto que además se retroalimenta con el anterior, volviéndose así ambos invisibles. Por lo que tenemos la trampa perfecta: la apuesta ganadora. ¿Para quién?

Propaganda y juegos de azar se solapan y complementan volviendo invisible desde las virtuales y/o vistosas casas de apuestas cada dos pasos o cada dos clicks, al lado de los colegios y de los barrios humildes, hasta el drama de la ludopatía, estigma social y externalidad económica por la que no pagan las empresas responsables.

Contaminar la salud psíquica de la población debería ser punible tanto o más como la contaminación del aire o los ríos. Quien contamina paga, reza la máxima de un país avanzado y garante del estado de bienestar.

La taxidermia de las avispas. Informes de un hospital psiquiátrico; de Daniel Iglesias

Este abril de 2021 Primera Vocal cumple 10 años. Una década publicando materiales sobre salud mental desde una perspectiva crítica. Creemos que todo el trabajo realizado ha tenido y tiene sentido. Este es un proyecto terco y a estas alturas ha quedado demostrado.

Como solemos expresar siempre que hay oportunidad, la idea de esta web es ofrecer un repositorio de textos y material audiovisual en un momento y un lugar donde todo va demasiado rápido. Tanto que al instante siguiente de atrapar algo ya se nos escapa de entre los dedos. Una URL como esta no es un espacio de encuentro, y mucho menos un hogar, pero aspira a ser un sitio de confianza donde ir a buscar.

La casualidad y la generosidad de Daniel Iglesias nos ha ofrecido una oportunidad perfecta para celebrarlo. Desgraciadamente no tenemos demasiadas entradas en la categoría de “Literatura”, pero a partir de ahora una de nuestras publicaciones preferidas será precisamente una obra literaria.

Compartimos con nuestra comunidad lectora La taxidermia de las avispas, un pequeño libro (se queda rozando el centenar de páginas) que recoge en primera persona la estancia del autor en un hospital psiquiátrico. Y lo hace con una escritura hermosa y descarnada por momentos, capaz de trazar afinidades en mitad de la desolación. Algo que sabemos que es realmente complicado.

No queremos hacer una reseña de la obra, queremos que la leáis y la difundáis.

Una vez terminó la visita guiada, recitada con ritmo monótono y falsa dulzura —la imagen era de una coral de parroquia de barrio—, me apresuré a tasar la comodidad de la cama. Pasaría gran parte del tiempo allí. Las ventanas no se podían abrir, había rejillas para ventilar la habitación que se abrían y cerraban oscilando sobre sí mismas. Sin mirillas en la puerta. Solo una avispa tendría paso franco hasta el cristal y yo esperaría un día tras otro la visita de su pijama de rayas. Suspiré. Toqué el radiador, que estaba frío y con una capa de polvo, y giré la rueda al máximo. Me senté y miré a mi alrededor. ¿Por qué? ¿Cómo había llegado todo tan lejos? El olor del polvo del radiador, que se había calentado y quemado como una tostada, me devolvió de nuevo a la habitación.

No sabía qué hacer ni qué se esperaba de mí. De hecho, era como si no existiera ni para mí ni para nadie. Como si me hubiera colado por las rejillas de ventilación y se hubieran cerrado al bascular. Para agarrarme a lo terrenal y concreto y dar algún sentido al privilegio de estar respirando, empecé a leer el reglamento del hospital, la sagrada escritura en el cajón de una mesilla de un motel de carretera en Tennessee. O de cualquier otro lugar del mundo.

Taxidermia en pdf

Taxidermia en Epub (descarga libre)

[Si alguna editorial está interesada en publicar este libro en formato físico, escribidnos y os pondremos en contacto directamente con el autor]

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