20 años no son nada. Dos décadas oyendo voces en la cabeza.

Este año, en algún momento que no puedo concretar, se han cumplido o cumplirán 20 años desde que comencé a oír voces por primera vez. Así que aprovecho la efeméride para poner un poco de orden a algunos pensamientos y compartir ciertas reflexiones o apuntes que llevan tiempo rondándome. Su carácter es fragmentario y provienen de mi experiencia personal, por lo que su valor es limitado. Pido a los lectores que por favor lo tengan en cuenta. Si algo es de utilidad para alguien, genial.

– La irrupción de las alucinaciones auditivas por vez primera provocó una cantidad de miedo descomunal. Tanto, que con el paso del tiempo es ese miedo el que considero que me dejó marcado. Mucho más que la propia experiencia de oír las voces en la cabeza. He pensado mucho desde entonces sobre la naturaleza de los contextos en los que vivimos y enloquecemos. Que se hable de salud mental es esencial. Solo así se pueden dar respuestas a situaciones de crisis que no supongan la estigmatización y el fomento de la culpabilidad. Si de lo que no se habla no existe, no se puede responder al dolor de una manera humana y efectiva. La pregunta clave no es qué habría pasado si mi familia y mi entorno lo hubieran hecho de otra manera hace 20 años, sino qué se puede hacer —con todo lo que sabemos las personas que hemos pasado por ello— para que las cosas no sigan como hasta ahora.

– De los primeros años guardo lagunas descomunales gracias a la medicación. Esos agujeros han entorpecido mi proceso de recuperación. Cuando pienso en ello siento impotencia.

– Las voces cambian. No son siempre las mismas. Ni su naturaleza, ni la intensidad, ni el tono, ni el contenido. No ha sido un cambio brusco, pero han cambiado con el paso del tiempo. Desde hace poco hay una nueva en mi cabeza. No es agresiva, tampoco creo que sea compasiva (por lo menos no con la acepción que arrastra para mí el término). Es buena, aunque ruda. Anticipa razonamientos que me son propios en el tiempo, facilita las cosas, me abre los ojos. Es bastante punk (sí, las voces pueden ser punks). Representa el buen pensar. Preferiría no escuchar ninguna, pero si tengo que elegir, esta es sin duda la mejor de todas.

– Dormir poco supone regalar a mis voces y mis ruidos vatios de potencia.

– Compartir experiencias de sufrimiento psíquico es útil y enriquecedor, compararlas es una acto de estupidez que en ocasiones deriva en simple mezquindad. Y lo hacen tanto los profesionales como, en ocasiones, las personas psiquiatrizadas. En este mundo nos enseñan a comparar, no a compartir. Yo tomo partido por lo segundo.

– Las voces y los ruidos son más persistentes en entornos normativos. Básicamente en el ámbito familiar y en los lugares de trabajo. También se llevan peor en el centro de la ciudad que en zonas donde hay cielo abierto, montañas y árboles.

Ideas de suicidio; de Rufus May

Publicado originariamente en el blog Ladybird (junio de 2012) y traducido por José Espín en Mad in America para el mundo hispanohablante

Hace algunos años organicé un encuentro público para hablar sobre el suicidio. Para publicitarlo, colgué carteles por la ciudad sobre los que se leía impresa la pregunta “¿cómo convivimos con los pensamientos suicidas?” El encargado de una lavandería local empezó a arrancarlos. Dijo que me prohibía poner anuncios en su local porque la pregunta le parecía ofensiva.

No es habitual que se creen espacios donde podamos hablar libremente de la tentación de acabar con todo, a pesar de que esta sea una idea que muchos de nosotros consideremos llegado algún momento de nuestras vidas. Creo que es necesario reconocer que, cuando nos sentimos superados por los acontecimientos y no hay nadie en quien apoyarse, esta es una reacción comprensible; algo que, por desgracia, los millones de libras que se invierten en la prevención del suicidio suelen pasar por alto.

En un antiguo lugar de trabajo, los encargados ordenaron que se talara la alta y solitaria conífera que dominaba el jardín del pabellón psiquiátrico después de que un hombre intentara ahorcarse colgándose de ella, sin éxito. En el sistema de salud mental el énfasis se pone más en impedir el acto en sí que en crear una atmósfera de aceptación en la que estos tortuosos sentimientos puedan ser entendidos y se pueda aprender a vivir con ellos. El peligro consiste en intentar mantener a la gente con vida sometiéndola a tácticas de control y vigilancia en lugar de ayudarla a encontrarle un sentido real a las cosas.

¿De dónde viene este pánico en que nos sume la idea del suicidio? ¿Por qué nos da tanto miedo lidiar con sentimientos suicidas y expresarlos? En la colina sobre la que vivo, al oeste de Yorkshire, hay un círculo de piedras que me ofrece algunas pistas. Este lugar es conocido por el nombre de “la tumba del molinero”. A finales del siglo XVII, un molinero del pueblo de Heptonstall se suicidó aquí. Tal y como establecía la ley, el cuerpo fue excluido de la comunidad y enterrado fuera de la parroquia, en un cruce de carreteras entre localidades. Pero cuando intentas reprimir algo, lo habitual es que le des más fuerza. Empezó a haber personas que afirmaban que, al aproximarse a la intersección, veían el fantasma del molinero. El miedo que estos avistamientos generaron abrieron el debate sobre dónde sería mejor enterrar al molinero. Algunos querían exhumarlo y devolverlo al cementerio de su pueblo, pero a otros les aterraba las consecuencias que esto pudiera tener. Se desencadenó un conflicto y los hombres que protegían el cuerpo fueron atacados. El pánico y la confusión de este episodio sirve ejemplo para mostrar el tabú y el enfoque punitivo que existe hacia el suicidio en nuestra cultura. El uso del verbo “cometer” es un vestigio del tiempo en el que seguía siendo un crimen.

Alternativas al suicidio; taller de Lisa Forestel y Caroline White

Seguimos pensando sobre el suicidio y las maneras de minimizar sus estragos.

Taller de Lisa Forestel y Caroline White (USA) con el título “Alternativas al suicidio: grupos para escuchadores de voces”, dentro del 7º congreso mundial de Hearing Voices, que tuvo lugar en la ciudad de Alcalá de Henares en Madrid (España), los días 6 y 7 de Noviembre de 2015.

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