¿Es posible la investigación desde el activismo en salud mental?; de Francisco José Eiroa-Orosa

Resumen

Presento un ensayo sobre la compleja relación entre la investigación científica y los activismos y militancias en salud mental. Comienzo por definir lo que significa “investigación” y “militancia” o “activismo” aceptando la polisemia de estos términos. Paso después a responder a la pregunta, apuntando a algunas experiencias internacionales y describiendo cómo sería posible. A continuación, intento desarrollar un marco de colaboración entre el activismo en salud mental y la investigación científica en el que esta pueda beneficiar las luchas por una atención en salud mental libre de coerción. Por último, presento unas conclusiones que, advierto, no son un recetario de cómo hacer las cosas sino una invitación a la reflexión crítica y la búsqueda de estrategias conjuntas entre colectivos diversos.

Palabras clave: Activismo, coerción, investigación científica, militancia, reflexión crítica, salud mental

Introducción y definiciones

En primer lugar y, a sabiendas de que titular un artículo con una pregunta puede causar una curiosidad en el lector que no se vea suficientemente satisfecha con sus contenidos, creo que debo una presentación personal y dos definiciones. En cuanto a lo primero, es más o menos evidente que el que suscribe estas líneas se considera un investigador de profesión (aunque como la mayoría de mis contemporáneos he tenido otras muchas) y un activista de convicción (aunque toda la vida me definí como un militante y en este artículo hablaré de activismo o militancia de manera intercambiable).

Soy investigador social y, a pesar de las dificultades y los momentos de duda, quiero creer que sirve para algo. Supongo que el panadero, el conductor o incluso el investigador de cosas prácticas (curas de enfermedades físicas o aplicaciones tecnológicas) no pierde el tiempo con este tipo de disquisiciones. Los investigadores sociales perdemos mucho tiempo y energía explicando y explicándonos para qué tanto esfuerzo (y más en la era en que un trabajo académico estable antes de los 40 es una quimera). Algunos encuentran la manera de vivir con y de los conceptos, otros necesitamos otro tipo de vínculos que nos acerquen más a la vida cotidiana de aquellas personas y colectivos que suponen nuestro objeto de estudio. En este sentido, en el campo de la salud mental y otras áreas de la salud, hay muchas personas que combinan la práctica clínica o psicosocial y la investigación.

En todo caso, independientemente del área de adscripción, algunos decidimos que, con al menos una parte de lo que hacemos, queremos ayudar a que las cosas cambien en un sentido en el que creemos y queremos hacerlo yendo más allá de la acumulación de conocimientos y tecnologías. Y es este selecto grupo de personas las que, muy ingenuamente, nos autodenominamos investigadores militantes o activistas. Como veremos más adelante, combinar ambas cosas es una decisión que para algunos es un imperativo ético, mientras que para otros hacerlo debería ser motivo de desposeer del derecho a ejercer una profesión que debe estar gobernada por la neutralidad y la objetividad.

Investigación

En cuanto a la primera definición, en la cabeza de los lectores de este artículo debe haber de todo menos homogeneidad en lo que piensan cuando escuchan la palabra “investigación”. No en vano, el campo de la salud mental es probablemente en el que menos univocidad hay al respecto. Si quieren pasar un rato entretenido pidan a un profesional que se autodefina como psicoanalítico y a otro que se defina como biologicista que se pongan de acuerdo en una definición de lo que significa “investigación” y qué tipo de actividades concretas implica.

Para no extendernos mucho, vamos a ir a lo esencial y más o menos universal, que es el uso de métodos de sistematización de observaciones o conocimiento. Es decir, hacer investigación es recopilar y organizar cosas de manera que una persona que se quiera acercar a ese fenómeno tenga que invertir menos tiempo que el que invirtió el primero para llegar a conclusiones idénticas o al menos similares. Esto por supuesto implica una cierta dosis de confianza en que la sistematización se ha hecho de un modo que sea comprensible y replicable (es decir, que cualquiera lo pueda volver a hacer obteniendo el mismo resultado). Por ello, la ciencia, desde un punto de vista que se ha llamado tradicionalmente realista o positivista (según si lo analizamos desde una postura ontológica o epistemológica1,2), invierte tantos esfuerzos en homogeneizar procedimientos. Pero justo en esa homogeneización es donde la cosa se empieza a desdibujar en salud mental, ya que los críticos con el paradigma positivista, hoy dominante, acusan a los que lo sostienen de imponer criterios de homogeneización que benefician a ciertos poderes económicos.

Entrevista a Vanessa Pérez Gordillo, autora de “La dictadura del coaching”

[Extracto de la información proporcionada por la editorial sobre la obra]

Cómo ganar amigos e influir en las personas, El poder del ahora, Inteligencia emocional, Tus zonas erróneas, Gente tóxica, El arte de no amargarse la vida… un tsunami de manuales nos inunda. Ya no estamos solos, un libro puede salvarnos. Hecho añicos el sujeto social, se imponen las terapias de autoayuda, funcionales a la ideología consumista imperante. ¿Cómo combatirlas?

La motivación, la creatividad, la capacidad comunicativa, el éxito personal y profesional, la felicidad o el amor son los códigos de acceso a un programa salvador que nada tiene que ver con el proyecto ilustrado y su finalidad de emancipación humana. Frente a la perversión mercantil de los ideales humanistas, este vigoroso manifiesto se alza en defensa de la pluralidad, del espacio público, de la calidad de la enseñanza, del acceso al conocimiento como bien social, del crecimiento como desarrollo para todos y todas.

«De los años ochenta a esta parte, el auge de la industria de la motivación y la autoayuda es la otra cara de deslocalizaciones y despidos en masa, de la debilitación de los vínculos sociales, del triunfo sin paliativos del neoliberalismo. El alegato de Vanessa Pérez Gordillo constituye una valiosa aportación contra ese individualismo ensimismado que todo lo corroe y nos corroe», Carlos Fernández Liria.

Uso de cookies

primeravocal.org utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies