Salud mental y neoliberalismo; de Iván de la Mata

Capítulo incluído en el libro Salud Mental y capitalismo, VVAA, Cisma editorial, año 2017

There is no such thing as society. There are individual men and women and there are families.
Margaret Thatcher, 1987

Introducción: la razón neoliberal

El gobierno neoliberal se puede entender simplemente como una actualización de la teoría liberal clásica, esa ideología que presupone que el libre mercado es el motor de la riqueza de los ciudadanos y sobre el que el Estado no puede intervenir o sólo lo debe de forma mínima para garantizar que sus propias reglas funcionen. Sería la parte “negativa” del poder neoliberal, “el laissez faire” clásico: el estado debe dejarse en su mínima expresión, básicamente con funciones de mantener el “orden público”. Esta forma de entender el gobierno neoliberal explica muy bien los recortes en servicios públicos, prestaciones sociales y derechos laborales que hemos sufrido en las últimas décadas y las políticas represivas en materia de derechos civiles. Digamos que al “laissez faire” económico le corresponde un poder “disciplinario” clásico, represivo.

Sin embargo, como señalan Dardot y Laval, el neoliberalismo, es mucho más que una nueva expresión del capitalismo, es una nueva forma de sociedad. A diferencia del liberalismo clásico, el neoliberalismo va más allá de la cuestión de la limitación de la intervención del estado. Ya no se trata de limitar, sino de extender. Extender la lógica del mercado más allá de la estricta esfera de la actividad económica y con ese fin reformar el funcionamiento interno del Estado de manera que sea la palanca principal de esa extensión. El neoliberalismo se expande como una razón que atraviesa todas las esferas de la existencia humana, que conforma las relaciones sociales, que “hace mundo”, que crea nuevas subjetividades presididas por una lógica de competencia. En ese sentido las palabras de Margaret Thatcher “ La economía es el medio, nuestro objetivo es el alma,” sintetiza magistralmente el programa neoliberal. El Poder neoliberal, no es por tanto solo un poder represivo, sino que es un Poder creador de subjetividad, un poder seductor en que la razón general de la competencia que preside la economía se introyecta en cada individuo y en las relaciones sociales. Byung Chal Han define este nuevo poder como “Psicopolítica”, un poder cuya eficacia se basa en la ilusión del individuo en su propia libertad, en su propio sometimiento.

Nos interesa especialmente este aspecto performativo de la subjetividad para entender el discurso hegemónico de la psiquiatría y del resto de la disciplinas “psi” en la época neoliberal.

Voces, visiones y “personas bajo el suelo”: delirios y alucinaciones en la psiquiatría decimonónica; de Åsa Jansson

Este texto ha sido traducido por uno de nuestros generosos lectores, y en él se plantea la dimensión histórica que tiene la diferenciación entre delirio y alucinación como punto de partida para repensar la utilidad del paradigma diagnóstico dominante a la hora de encarar ciertas sintomatologías. Una cuestión muy habitual en los casos de aquellas personas que escuchan voces, ya que los psiquiatras suelen obsesionarse con establecer una diferenciación clara entre la alucinación y la creencia, mientras que las personas afectadas están mucho más interesadas en dejar de sufrir cuando esas alucinaciones o creencias generan dolor. Este distanciamiento de la propia experiencia es una de las razones por las cuales nosotras solemos a menudo recurrir a conceptos no diagnósticos, como puede ser el de “experiencias psíquicas inusuales”. Sabemos que no es un lenguaje natural y fluido, pero al menos no adolece de la estrechez de miras que arrastran las definiciones diagnósticas. “Oír voces”, otra forma de referirnos a lo que nos sucede sin un lenguaje clínico, es algo que va más allá de lo que pueda acotar la expresión “alucinación auditiva”. Al plantearnos los orígenes y la naturaleza del lenguaje que empleamos posibilitamos establecer otro tipo de relación con lo que sucede en nuestras cabezas… en este caso, por ejemplo, nos parece mucho más importante defender un marco conceptual que nos permita tratar de comprender las voces que uno que solo busque negarlas y suprimirlas. Y lo hacemos por una mera cuestión práctica: el día a día nos demuestra que tratar los llamados cuadros psicóticos a golpe de altas dosis de neurolépticos no es una estrategia muy exitosa.

Disfrutad con la lectura tanto como lo hemos hecho nosotras.

Dr. Åsa Jansson, investigadora asociada junior en colaboración con Hearing the Voice:

Este post está inspirado en mi proyecto de investigación actual, cuyo título provisional es Una historia de la irrealidad, y se ha realizado en colaboración con Hearing the Voice. El proyecto explora las raíces históricas de dos grandes divisiones en los diagnósticos psiquiátricos: trastornos afectivos (del estado de ánimo) y trastornos cognitivos (“esquizo-”) entendidos como fenómenos diferentes. El conocimiento psiquiátrico de las experiencias humanas como la escucha de voces es, por supuesto, sólo una de las maneras de entender y explicar estas experiencias. A partir de ahí, demostrando la especificidad social y cultural de ese conocimiento, espero que este proyecto aporte a una perspectiva más flexible e inclusiva de una serie de fenómenos que la medicina contemporánea suele etiquetar de síntomas patológicos, pero que no son necesariamente percibidos así por las personas que los experimentan.

¿Conoces la diferencia entre un delirio y una alucinación? Cuando le pregunté a Google, la primera respuesta que me dio procedía de la web BrainBlogger, que define los delirios como las “creencias erróneas o falsas que suelen implicar una mala interpretación de percepciones o experiencias”, mientras que las alucinaciones implican “cualquier modalidad sensorial” (es decir: auditivas, visuales, olfativas, gustativas y táctiles), siendo las alucinaciones auditivas, como la escucha de voces, las más frecuentes. En un contexto clínico estas palabras pretenden ayudar a profesionales de la salud y personas usuarias a distinguir entre dos tipos de experiencias o fenómenos, uno de los cuales se relaciona con nuestros pensamientos y la manera en la que percibidos el mundo que nos rodea, y la otra con el tipo de información que recibimos a través de nuestros cinco sentidos. En otras palabras, si siento que una fuerza externa está controlando mis pensamientos, sería un delirio, mientras que escuchar una voz que me ordena hacer algo sería una alucinación.

Mi bici y la salud mental

Este texto tiene muy pocas aspiraciones. Tan solo, si acaso, conseguir establecer con quienes lo lean una complicidad que se encuentra lejos del lenguaje académico y de cualquier pretensión de generalizar. Voy a hablar de mi bicicleta, pero lo que quiero transmitir es que somos muchas las personas que podríamos hablar de prácticas u objetos a primera vista intrascendentes que nos ayudan con nuestras cabezas. Es decir, existe un conocimiento secundario, desconocido por lo general por los profesionales (cuando no desdeñado de manera directa), que está ahí, escondido en la resistencia cotidiana con la que hacemos frente a la hostilidad del mundo. Son todas esas cosas que nos sientan bien, que nos permiten lidiar con nuestra locura (con nuestra rotura, sea esta del tipo que sea) semana tras semana. En los grupos de apoyo mutuo o en talleres realizados en clave de primera persona por gente que sufre psíquicamente, sale una enorme multiplicidad de ellas: escuchar música (o escuchar determinado grupo de manera exclusiva en ciertas situaciones), cocinar, pasear, ver árboles (esto es algo que se comenta con bastante frecuencia y que quizás exija una reflexión profunda sobre los lugares donde vivimos), ver series, hablar por teléfono con una persona concreta, leer cómics, el activismo político, comer pizza, trabajar en una huerta, dibujar, mirar el mar, conversar, etc. Desde fuera, en ocasiones pueden parecer banalidades… no lo son, y quien lo piense puede dejar de leer y no perder más tiempo. Cuando estás jodido, bien sea por lo que sucede en tu cabeza o por la ingesta de drogas psiquiátricas a la que frecuentemente somos sometidos, no siempre es sencillo identificar qué es lo que te beneficia. Quizás ni siquiera tengas cerca gente que te conozca y pueda ayudarte en esa tarea. Los espacios mencionados sirven para compartir estrategias y poner sobre la mesa la existencia real de acciones que nos sientan bien. A partir de ahí se puede explorar libremente. Por supuesto, las condiciones objetivas de existencia que tiene cada cual son determinantes para poder hacer unas cosas y no otras; por ejemplo, si vives en una colmena, dentro de una gran urbe, el tema de la huerta o el paseo por la naturaleza se complica. Lo realmente curioso es que por lo general nadie menciona nada que cueste demasiado dinero, lo más habitual es que lo que nos ayude sea gratuito u exija unos recursos muy limitados. Otra cosa es el tiempo del que se disponga o no para poder llevar esas propuestas a cabo…

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