Pacientes psiquiátricos: medicar coaccionando, de Francisco Martínez Granados y Emilio Pol Yanguas

Es frecuente que muchas personas etiquetadas como “enfermo mental grave y persistente” reciban prescripciones de una amplia gama de fármacos, principalmente antipsicóticos. Muchos pacientes encuentran una ayuda en estos tratamientos, pero otros muchos encuentran que este beneficio es pequeño o ausente y a costa de muchos inconvenientes. Una gran parte del trabajo de los profesionales de salud mental consiste precisamente en convencer a los pacientes de lo contrario. Cuando el paciente se resiste a los argumentos del profesional, entonces los esfuerzos de estos se suelen dirigir a “obligar” al paciente a tomar la medicación, justificándose en la falta de “conciencia de enfermedad”. El psiquiatra se convierte en juez y parte. No es cierto que los enfermos mentales no tengan conciencia de tener un problema. La discrepancia suele estar en la naturaleza de la solución que le dan los profesionales.

Imagine por un momento que un medicamento que le produce efectos desagradables le es administrado a la fuerza o con coerción, sin su consentimiento y durante todo un trimestre. Pero qué pensar si además los tratamientos son administrados a dosis superiores a las recomendadas, en mezclas no experimentadas y para indicaciones no autorizadas. ¿No es demasiada incertidumbre? ¿No entraría esto dentro de lo que se conoce como uso experimental? ¿Están los enfermos mentales sometidos a experimentación no controlada? ¿Consideraría esto una violación de derechos humanos básicos? Recientemente se ha comercializado un antipsicótico inyectable intramuscular para aplicación trimestral. Su eficacia dista de haber sido demostrada adecuadamente, dados los defectos de los ensayos clínicos que apoyan su comercialización. Sobre él se ha hecho mucha propaganda -bordeando la ilegalidad- en forma de artículos de difusión científica en la prensa general. No olvidemos que en Europa no se permite la publicidad directa a los consumidores de medicamentos de prescripción.

La esperanza de vida de los enfermos mentales es de promedio unos veinte años menor que la población general. Aunque en los últimos decenios la esperanza de vida de la población, y también de los enfermos mentales ha aumentado, la diferencia entre ambos colectivos ha aumentado. Los efectos adversos de los medicamentos no parecen ajenos a este hecho. Los psicofármacos tienen consecuencias deletéreas en contra de la salud entendida como recurso fundamental para la vida. Sin estos recursos vitales, que los fármacos en ocasiones bloquean, es muy difícil que una persona pueda afrontar situaciones críticas y adversas y trascenderlas hacia la construcción de realidades psico-sociales más soportables y de bienestar.

El psicofármaco en la encrucijada

encrucijada (de en- y el ant. crucijada)

1f. Lugar de donde parten varios caminos en distintas direcciones.

2 Situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir. 2 *Apuro.

3 Ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien.

El próximo 17 de febrero tendrá lugar en el hospital Gregorio Marañón una jornada de debate sobre el empleo de los fármacos en salud mental que ha sido planteada en términos, cuando menos, un tanto obtusos. “El paciente y el psicofármaco: una encrucijada”, se ha titulado el evento.

La convocatoria se realiza mediante un desconcertante y atropellado texto que reproducimos a continuación:

 

Son necesarias varias lecturas para tratar de comprender estos dos párrafos. La redacción llega a ser abiertamente agramatical por momentos,  el uso de la puntuación es incorrecto y existen errores de concordancia. No queremos deleitarnos en ello, simplemente nos parece significativo que un grupo de personas (suponemos que los nombres que figuran un poco más arriba en el programa que enlazamos) plantee la necesidad de establecer una comunicación sin pararse a leer su propia propuesta, sin hacer esfuerzo alguno por hacerse entender.

Y eso solo en lo que atañe a las cuestiones formales. También es paradójico redactar dos párrafos donde en el primero se esparce mierda y resentimiento, mientras que en el segundo se hace un llamamiento a “un sano debate, sin fanatismos”. Es complicado de comprender, la verdad.

Y ya situados en un plano donde se mezclan estética y lógica, ¿cómo puede plantearse un debate en libertad sobre el uso de fármacos a la sombra del logo de Janssen? De veras, estas cosas solo pasan en la psiquiatría. No hace falta denostarla, es ella la que se lastima a sí misma una y otra vez. ¿Qué credibilidad podemos darle? ¿Se imagina alguno de nuestros lectores “un sano debate” sobre desahucios y soluciones habitacionales bajo el logo del Banco Santander? Parad de leer, volved a consultar el programa: ¿es esta una propuesta coherente, lúcida o razonable?

El poder de la vulnerabilidad, de Brené Brown

A partir de las reflexiones sobre la vulnerabilidad de Brené Brown, sería interesante pensar qué función cumple nuestra relación con dicho sentimiento en el contexto capitalista (es decir, en el mundo que habitamos) y qué consecuencias prácticas (es decir, éticas) se derivan de ello.

Es posible tomar sus palabras como punto de partida para tratar de conectar vulnerabilidad, salud mental y descomposición social. Porque como ya hemos señalado en alguna otra ocasión, ese es el medio en el que nos movemos: recortes, incremento de la desigualdad y fomento por parte de los mercados y el Estado del canibalismo social. En este sentido, entendemos que hay que crear espacios liberados donde poder vivir de acorde con esa vulnerabilidad, que no se trata tan solo de un camino individual, tal y como parece desprenderse del propio vídeo. La dignidad de la que se habla en él exige una comunidad de iguales donde pueda ser defendida y cultivada. Tanto la Historia (ese viejo río por el que navegamos precariamente) como las historias cotidianas de todos y cada uno de nosotros nos hablan largo y tendido del sufrimiento que genera una organización de la vida que divide a los seres humanos entre quienes mandan y quienes obedecen. Vivir la imperfección y la diferencia sin acabar aplastados en mitad de esta carrera cruel exige un cambio de escenario. Y ese cambio pasa por la acción colectiva.

La charla que compartimos con vosotras no presenta nada completamente original (no es la primera persona en reflexionar sobre la fragilidad de la condición humana y su relación con la empatía). Nos quedamos con su capacidad de síntesis y lo atractivo que nos resulta la posibilidad de pensar la vulnerabilidad en común, con el otro en tanto que compañía y horizonte.

PD: Avisamos de que el uso continuado del humor en la charla puede resultar cargante para algunas personas.

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