Psicofármacos frente al agobio vital, de Guillermo Rendueles

psicofarmacos frente al agobio vital_primera vocal“La depresión es el fracaso en la lucha por una autoevaluación positiva, por una pérdida del proyecto vital y de esperanza en el futuro, que genera tedio y desesperanza”. Así hablaba Carlos Castilla del Pino, referente de la psiquiatría de izquierda durante el Franquismo, con tesis cercanas al freudomarxismo, fallecido el pasado 15 de mayo. Mientras los psiquiatras de la democracia canonizan su vida y obra, la práctica clínica de este gremio se acerca mucho más a la de Juan José López Ibor, psiquiatra del régimen franquista. En la práctica, el supuesto implícito que guía la prescripción universal de antidepresivos- ansiolíticos está en concordancia con la hipótesis central de López Ibor sobre las neurosis como enfermedades del ánimo. Se trata de normalizar mediante antidepresivos esos síntomas de pseudoangustia para que vuelva la eutimia (fases de normalidad o periodos sin síntomas). Lo decía el psiquiatra del Franquismo y lo practican los psiquiatras progresistas que se creen continuadores de Castilla. Los nuevos antidepresivos o antipsicóticos tampoco son muy diferentes de los antiguos: no son más efectivos, tan sólo producen menos efectos secundarios que los predecesores. En una nota editorial que los honra, la Revista de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica resalta que los nuevos antidepresivos no han presentado ninguna prueba real de ser más eficaces que los antidepresivos de los años ‘60 en las depresiones mayores. El auge del mercado de la psicofarmacología, sin embargo, es reciente. Hace apenas 15 años la inversión de los grandes laboratorios en márketing psicofarmacológico era mínimo: mal se podían vender remedios para trastornos tan desconocidos a nivel biológico como la esquizofrenia o la depresión. Además, los fuertes efectos secundarios que producían los neurolépticos o antipsicóticos (descubiertos por un médico militar en la Indochina francesa sedando heridos de guerra), así como los antidepresivos, limitaban su uso. La población con psicopatologías menores (la inmensa mayoría de la actual clientela psiquiátrica), aun sintiéndose mal, no toleraba sentirse aún peor consumiendo unos fármacos que producían desde síndromes muy parecidos al párkinson a efectos secundarios que impedían hablar por la sequedad de la boca, estarse sentado por la acatisia [incapacidad para mantenerse quieto] o mantener relaciones sexuales. El simple hecho de limitar esos efectos secundarios significó una drástica modificación en el valor de cambio de los psicofármacos, al descubrir una población casi ilimitada de consumidores. Si los estados de angustia y depresión son algo tan normal en la población que rara es la persona, que a lo largo de su vida, no los padezca, toda la población aparece entonces como potenciales usuarios de estas drogas.

Víctimas de la antipsiquiatría

victimas de la antipsiquiatria_primera vocalReproducimos un artículo de un periodista llamado Carlos Colón en el Diario de Sevilla (12/07/2014), donde se vuelve una vez más —aunque con una especial virulencia— a ese repugnante lugar común tan querido por los medios de comunicación que consiste en afirmar que la esquizofrenia es una “bomba de relojería”. También añadimos una carta que le escribe la persona que gestiona el blog ¿Esquizoqué?… sin duda es este el documento que merece realmente la pena.

Víctimas de la antipsiquiatría

Un adolescente de 15 años con antecedentes de brotes psicóticos provocó presuntamente el incendio en el que murieron dos de sus hermanos de 13 meses y seis años, quedando gravemente herido otro de 14.

Hay que felicitar, una vez más, a los doctores David Cooper, Thomas Szasz o Franco Basaglia y a los intelectuales Paul Goodman, Iván Illich, Allen Ginsberg, Michel Foucault, Georges Bataille o Ken Kesey; y a cuantos desde la medicina, las ciencias sociales, la filosofía o la literatura alentaron ese error llamado antipsiquiatría, considerando las enfermedades mentales un mito alentado por el poder para coartar las libertades, una invención del capitalismo para reprimir a los inconformistas y rebeldes, una coacción burguesa para evitar los peligros de la creatividad y la imaginación, una amputación de las pulsiones de sexo y muerte que desafían las convenciones y el orden establecido. Disparates reflejados en títulos como El mito de enfermedad mental, La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental, La sociedad punitiva o El orden psicoanalítico y el poder.

Como tantos errores del entorno del 68 -el boom de la antipsiquiatría explotó en 1967- lo que en principio era la crítica justa de algunas brutales prácticas de la psiquiatría convencional y la denuncia de las deplorables condiciones de reclusión de los enfermos en los manicomios tradicionales, fue utilizada por una legión de fanáticos ideologizados para dar rienda suelta a sus prejuicios políticos enmascarados como juicios científicos, a sus obsesiones demenciales disfrazadas de ciencias humanas, a su fanatismo implacable -propio de lo que acertadamente Luis Gonzalo Díez ha llamado “la barbarie de la virtud” – y a su dogmatismo antidogmático que, en nombre del humanitarismo, impuso condiciones despiadadas de vida a los enfermos y a sus familiares al clausurar, en vez de reformar, los centros especializados.

La conclusión la establecía ayer una lectora comentando la noticia: “Hay enfermedades mentales muy duras y convivir con un familiar así es una bomba de relojería. Fue muy mala decisión el que cerraran los psiquiátricos, a veces por más que nos duela, es la única solución. No es la primera vez ni será la última que un esquizofrénico acabe con la vida de un familiar en pleno brote”.

Carta abierta a Carlos Colón

Sr. Colón:

Leído su reciente artículo en el Diario de Sevilla: “Víctimas de la antipsiquiatría”, y desconociendo si es usted psiquiatra, comercial de la industria farmacéutica, ideólogo de la Reforma del Código Penal, o ciudadano con mucho tiempo libre, permítame decirle, y no me lo tome a mal, que le noto nervioso.

Bertram Karon sobre la esquizofrenia

Este vídeo es una ponencia retransmitida de Bertram Karon. Un antiguo profesor de psicología en la Universidad Estatal de Michigan y ex-presidente de la sección psicoanalítica de la Asociación Psicológica Estadounidense. Pese a ser un breve texto leído, sorprende la cantidad de información que ofrece. El principio es un agradecimiento a Peter Breggin, cuya fundación le concedido un premio, pero luego —y aquí reside su principal interés— habla de su experiencia profesional ayudando a personas con psicosis.

Su enfoque es psicoanalítico y puede no compartirse plenamente, pero lo cierto es que es capaz de exponer con una gran claridad el carácter esencialmente humano del sufrimiento psíquico.

La gente no enferma porque la vida haya sido amable con ellos [...] No se necesitan psicoterapeutas perfectos, se necesitan seres humanos decentes.

Nota: cuando se habla de TEC, se refiere a la terapia electroconvulsiva o electro-shock, frente a la cual Breggin luchó enérgicamente.