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Psiquiatría y autogestión. Entrevista a la Xarxa GAM

Entrevista incluida en el segundo número de la revista Locomunal. Este segundo número está centrado en la temática de la autogestión de la salud y en él tiene cabida la psiquiatría. Se publicó en febrero del 2018 y estuvo a cargo de Xavi López.

Las redes de apoyo mutuo tienen muchas caras y aspectos. Algunas duran más que otras, algunas forman parte de las instituciones públicas, mientras que otras tratan de mantenerse lo más cerca posible de los métodos de autogestión. Hoy hablamos con María y con Joan, dos personas que han pertenecido a la Xarxa GAM, grupo de apoyo mutuo de personas psiquiatrizadas con vocación autogestionaria que inició su camino en el universo de la Cooperativa Integral Catalana y que a día de hoy perdura de una forma más informal.

(Revista Locomunal): ¿Qué entendéis por personas psiquiatrizadas? ¿Creéis que el sistema psiquiátrico es una cortina de humo que esconde problemas socio-económicos, políticos, de género…?

(María): Cuando montamos el grupo, el criterio era bastante práctico. Si habías pasado por la consulta del psiquiatra y habías salido con un diagnóstico y con medicación se consideraba que estabas psiquiatrizado. Pero sí, es cierto que el término tiene la connotación de algo pasivo, una cosa que te aplican. En esto se parece al género.

(Joan): No creemos en la enfermedad mental. Creemos en la diversidad mental. Y la diversidad mental, en muchas ocasiones, es una subversión de la normatividad. Entendemos que los sufrimientos humanos se dan sobretodo en sociedades occidentales. Y aquí hay causas políticas, sociales y ambientales. Estamos influenciados de mil maneras por el cine, los medios de comunicación, los anuncios, las teleseries… En otras sociedades donde no se da una parecida manipulación del ser humano, no pasa igual. Las sociedades precolombinas tenían la ayahuasca, con la que se pretendía llegar al delirio, que se consideraba una iluminación, como en el Tíbet es llegar al Nirvana: tenía una explicación. Había una aceptación social y política de los comportamientos que se salen de la normatividad. La psiquiatrización es una imposición sobre la diversidad.

(M): Yo creo que los malestares se originan en la infancia, dentro de la familia. Seguramente porque la aspiración a un vínculo auténtico se ve frustrado por la realidad. Es la teoría del doble vínculo: por un lado, el infante recibe mensajes de amor y cariño, pero el propio lenguaje y las acciones acaban desmintiendo todo esto. Esto al infante le crea una desconfianza general sobre la realidad, la realidad consensuada y pública. Tal vez es por eso que viajas a otras realidades.

(LC): ¿Viajas, pero viajas sola, no?

(M): Hay viajes traumáticos porque involucran sensación de persecución, delirios.., pero los hay que son positivos; hay gente que en sus viajes se siente más conectada al mundo, a la naturaleza o con un espíritu cósmico.

(J): La ciencia bioquímica, que es un paradigma hegemónico de la ciencia psiquiátrica en occidente, dice que los viajes (alucinaciones y delirios) son producidos por desajustes químicos dentro del cerebro; descontextualiza el fenómeno, lo individualiza, y aquí tienes el diagnóstico. Todos los “brotes” que yo he tenido han estado producidos por el abandono de los fármacos que me ha dado la ciencia bioquímica y farmacéutica, que convirtieron mi singularidad mental en un problema y me crearon muchos más. Esto es una fármaco-enfermedad: bajadas de libido, mucho sueño, apatía.., por no hablar de los riñones, el estómago… Si llegara un día en que los psicofármacos no tuvieran efectos adversos, sería lo interesante.

(LC): ¿Que te convierte en un enfermo mental, el diagnóstico o la medicación?

(M): La medicación, a veces, si estás en “brote” o estás en mucho sufrimiento, te puede ayudar. El diagnóstico agrupa tipos de síntomas, nada más. La ciencia bioquímica, en este sentido, no está demostrada. Yo creo que funciona bastante a base de ensayo-error. Hay psiquiatras que piensan no solamente en la medicación sino en el conjunto que es un ser humano. Pero no creo que la institución facilite nada. Todo está compartimentado. El asistente social hace su tarea, el psicólogo también, y sí que puede ser que en un centro de salud mental haya una coordinación entre profesionales, pero muchas veces es insuficiente. Te tiene que tocar un buen lugar y una buena gente. Dependes de esto. Creo que las personas tienen que sentir que pueden hacer una aportación útil a su ciudad, a su entorno. La institución no puede darnos esto, la institución está aparte de la vida de la persona.

(J): A medida que nuestras capacidades de atención, concentración, juego, van desapareciendo con los efectos de la medicación puedes encontrar, al final, gente que vaga por las galerías con un café en la mano y un cigarro y no hace nada más. Es el perfil del enfermo crónico. Una terapia humanista mejoraría la situación de las personas, la empoderaría. Pero el sistema está enfocado a una terapia farmacológica, para nada a una terapia de hablar, de acompañar, de dar herramientas para comprenderse a una misma.

(LC): En vuestro fanzine se pueden leer comentarios como este: “Dicen que el aburrimiento es contrarrevolucionario, y el centro psiquiátrico, en esto, nos ganó la partida por adelantado”. ¿Qué podéis reflexionar sobre el aburrimiento inducido en los centros psiquiátricos?

(J): Recordáis el mayo francés de 1968: “No queremos morir de hambre, ni tampoco de aburrimiento”. El centro psiquiátrico es lo más aburrido del mundo. Conozco presos que han estado en FIES. Yo no podría. Yo miento al psiquiatra para salir de allí lo antes posible. Quiero recuperarme poco a poco, en casa y con los amigos. Es una contención tan grande que no tienes nada que hacer, no hay variedad, no puedes escuchar música, ni darte un beso con una chica. No está permitido ni el móvil ni internet. Te aíslan del mundo completamente. Sobretodo en régimen de agudos. En el régimen de sub-agudos hay talleres artísticos, pero son tan poca cosa… La institución se ve obligada a hacerlo, a proporcionar este servicio a los internos. Después de todo esto salen en la foto (risas). Para ellos no se trata de empoderar a la gente sino de una actividad residual. Hay gente que molesta y se la tiene que aislar. Unos van a la cárcel, otros acaban en el psiquiátrico, pero no hay tanta diferencia.

(M): En el Sant Pau tienen juegos de mesa, algún libro de “pinta y colorea”… Los libros los puedes llevar siempre y cuando piensen que no te alterarán. Los revisan, revisan todo lo que llevan los familiares y amigos. A mí me requisaron un cómic de un superhéroe que me trajo un familiar, consideraron que podía alterarme (risas). Tal vez sería por esto de la omnipotencia de los superhéroes (más risas). Los libros políticos solo los dejan entrar dependiendo del caso, de la valoración específica que haga la institución.

(LC): Uno de los pilares de la antipsiquiatría es la reformulación, o puede ser la destrucción, del concepto de enfermedad mental. ¿Pensáis que el diagnóstico es una construcción que tiene un interés que va más allá de lo meramente científico?

(J): Yo creo esto: la especie evoluciona gracias a la ayuda mutua. Sin ayuda mutua no habrían existido múltiples formas de resolver un problema y por tanto no habrían habido tantas soluciones. Cada uno aporta libremente lo que cree y esto nos hace avanzar y sobrevivir. El diagnóstico, el concepto de enfermedad mental, fue inventado precisamente por negar el apoyo mutuo, para reducir a la especie a una normalidad inventada por algunos.

(M): No creo que sea exactamente esto. Yo creo que el diagnóstico es un conjunto de síntomas agrupados a los cuales se les pone un nombre. Realmente no responde a la variabilidad personal de cada cual. No es capaz de llegar hasta el fondo.

(J): La tristeza por la pérdida de un cónyuge, hoy en día, está considerada enfermedad mental. Representa un cuadro clínico depresivo medicalizable. A veces se medicaliza incluso el trastorno menstrual depresivo. Incluso, en algunos casos, ser anti-sistema o rebelde está medicalizado. Esto tiene un nombre, algo parecido a “trastorno oposicional”. Es la mente del criminal, del subversivo, del radical. Estas ideas salen de estudios que hace la Asociación Norteamericana de Psiquiatras, que recibe el 60% de financiación de las farmacéuticas.

(LC): ¿Han hecho mucho daño los géneros como los “psycho-killers”?

(M): Sí, mucho. Pero pienso más en la prensa, porque si tienes un punto de vista un poco crítico puedes distinguir entre realidad y ficción. Ahora bien, cuando en la prensa dicen que una persona que ha matado violentamente a alguien estaba en tratamiento psiquiátrico, que tenía un diagnóstico, esto hace mucho daño porque está asociando ambas figuras. Y realmente las propias estadísticas muestran que no es más probable que una persona con trastorno mental haga daño a otra. En todo caso tenderá a hacerse daño a ella misma.

(J): Ten en cuenta que la esperanza de vida de una esquizofrénica es 20 años inferior a la media. Y esto se da no porque las esquizofrénicas hagan daño sino porque se hacen daño a ellas mismas. Muchas se acaban suicidando.

(LC): Vamos a la raíz de vuestra Xarxa (red). ¿Creéis que la colectivización de vuestras experiencias os ha traído salud?

(M): A mí sí, pero las últimas épocas de la Xarxa no ha funcionado muy bien. Yo creo que la primera necesidad que tenemos es no sentirnos solas. Por esto, poder hablar de estas cosas abiertamente con personas que han experimentado lo mismo que tú facilita una empatía que es difícil encontrar fuera. Pero éramos grupos pequeños sin un método muy claro.

(J): Había un psiquiatra de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Es una asociación brutal, no hablan de psiquiatría ni de anti-psiquiatría, sino de pos-psiquiatría. Quieren un cambio de modelo y son un grupo de presión, aunque no tienen mucho poder.

(LC): ¿Entonces, os reconfortaba que haya gente, dentro de la psiquiatría, que piense como vosotros?

(Joan): Sí. Tenemos aliados (risas).

(LC): ¿Y os daban alternativas al sistema hegemónico?

(M): Los psiquiatras no estaban dentro de los grupos. Formaban parte de un “anillo”, una especie de comité de personas que querían contribuir. Pero nunca estuvo muy claro cuál podría ser la función práctica de estas personas, y al final la mayoría de consultas que hacían se individualizaban y versaban sobre medicación o sobre centros psiquiátricos. Eso sí, solo te daban su opinión, no te imponían nada.

(J): Iban en la dirección de una reducción de medicación. Y lo mejor es que daban un servicio completamente gratuito.

(LC): ¿Qué causas de fondo veis que expliquen la disolución de vuestros grupos?

(J): Te daré mi opinión personal, porque dentro de los grupos cada uno tiene la suya. Al principio conseguimos un rendimiento personal y colectivo muy elevado. Pero tú tienes una crisis cada año, o cada tres años, o cada cuatro. Entonces, hacer terapia cada semana o cada dos semanas sobre un tema era demasiado, no era tan necesario. Yo creo que un amigo verdadero, informalmente, te puede ayudar más. Es por esto que ahora nos reunimos informalmente, en plan amigos, y hacemos terapia de amistad. Yo he aprendido muchísimo de los GAM, pero no creo que se pueda sostener tu vida en esto. De todas maneras, este ha sido nuestro proceso, nuestro final, y esto no quiere decir que a otros GAM les pase lo mismo. Los GAM no se extinguirían así como así. Y todavía te diré más: los GAM con un fuerte componente de no-medicalización y de convivencia con la realidad imaginaria del otro tienen más posibilidades de sobrevivir.

(LC) ¿Creéis que existen alternativas reales al sistema psiquiátrico?

(J): Yo creo que la verdadera alternativa es el refugio. Un refugio es como un psiquiátrico, pero en realidad es una comunidad terapéutica, de la cual podrían formar parte las afectadas y un grupo de profesionales que, en régimen de cooperativa, trabajaran con nosotros, no sobre nosotros. Se podría financiar con donaciones, cuotas de las socias o incluso con subvenciones. Aunque no creo que las instituciones públicas estén muy a favor del refugio (risas).

(LC): ¿Existe algún proyecto de refugio actualmente en Cataluña?

(J): Sí, hay un proyecto pero todavía está muy parado. Cuesta mucho dinero y perjudicaría mucho a los intereses del sistema hegemónico, ya que está orientado a la curación y no a la cronificación de las enfermedades. De todos modos, querría decir alguna cosa sobre la relación entre las instituciones y la autogestión. Algunos grupos de ayuda mutua reciben dinero de entidades como La Caixa, que no se oponen precisamente al capitalismo (risas). Como también hay grupos GAM institucionales y grupos GAM contraculturales o autogestionarios. Yo pienso que la política o la haces, o te la hacen. La organización interna de los GAM, estén subvencionados o no, es más participativa. Es por esto que soy partidario de crear más grupos dentro de las instituciones, con gente que reciba un sueldo por trabajar. Puede parecer una contradicción. No creo que podamos cambiar las instituciones, están hechas por lo que están hechas, pero sí podemos abrir espacios; ya que es tan complicado llegar a autogestionarlas intentemos mejorar la vida de la gente, sin perder de vista el objetivo de una autogestión generalizada de la sociedad.

(M): También es complicado, ya que habitualmente una buena parte de las personas que entran a trabajar en las instituciones lo hacen por comodidad y no por vocación. Claro que hay gente que está comprometida. Pero mucha gente es fría trabajando. Y esto lo favorece, creo yo, la formación que reciben y las promesas de comodidad. Yo no he esperado nunca gran cosa de las auxiliares y otras trabajadoras de los centros. Las hay más amables y más distantes; hay personas implicadas, pero tienen muchas tareas que cumplir, pueden no ser las mejores condiciones y no tienen, en caso de que quisieran, tiempo para dedicar a las personas. De todas maneras, sea como sea, la conclusión es que a la institución le falta tiempo para dedicar a las personas.

(J): Se ha de plantar la semilla para que los propios profesionales comiencen a luchar contra sus propias instituciones.

(M): Como Ana Carralero, profesora universitaria y a la vez enfermera, tipo de profesional con empatía. Y es que cuando te endosan la categoría de “enfermedad mental” es como si te pusieran una pegatina. Pasas a ser de otra categoría diferente al resto. Y para algunos profesionales eres objeto de estudio. Eres una alteridad con la cual muchas personas no pueden empatizar. Podemos imaginar a una persona con dinero que por avatares de la vida pudiera llegar a ser pobre. En cambio, no pensamos que cualquiera de nosotros podría llegar a la “enfermedad mental”, que es una categoría social y no natural. Y realmente nadie está libre de esto.

(LC): Para acabar, habladnos un poco sobre la publicación que tenéis en mente y que se hará realidad dentro de poco.

(J): Bien, el libro es una crítica radical al sistema de salud mental (risas). En todos los aspectos. Hemos ideado una réplica parecida del famoso texto del situacionista Raoul Vaneigem, “De la huelga salvaje a la autogestión generalizada”, que es como un cuestionario relativo al mundo del trabajo; nosotros lo hemos hecho sobre el sistema de salud mental. También hay un cómic sobre represión y brutalidad cotidiana dentro de los psiquiátricos, donde se tratan cuestiones como las descargas eléctricas. Llega un momento en que tú o tu familia podéis estar desesperados y firméis un papel. Entonces tienen carta blanca para proporcionarte descargas. Hoy en día las descargas se hacen con anestesia general, con el peligro añadido que comporta esto. Hay una pérdida de memoria brutal, memoria a corto y largo plazo, y también pierdes la noción de futuro. Dicen que las descargas tienen beneficios para la depresión pero esto no está ni mucho menos comprobado, y los estudios que van a la contra son ocultados. Si te niegas, una vez firmados los papeles, te amenazan con un periodo en sub-agudos, de 3 meses a un año y medio. Otra parte del libro habla del tema que ya he comentado: de cómo meterte dentro de las instituciones para cambiarlas, pero sin perder de vista que la verdadera emancipación siempre estará fuera de ellas, y de cómo podríamos combinar estos dos polos de lucha. También hay un texto sobre filosofía de los grupos de apoyo mutuo y una crítica a una terapia multifamiliar escrita por un compañero nuestro que participó como usuario en ella. Saldrá a la venta editado por la Editorial Descontrol, más o menos para mayo o junio. El libro se titulará “Otra Mirada al Sistema de Salud Mental”.

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