Psicólogos y represión

patricia-heras_primera-vocalHace poco se publicó una interesante entrevista con los responsables del documental Ciutat Morta. En él se narra la terrible historia de unos jóvenes que fueron detenidos a raíz de unos enfrentamientos con la policía acontecidos la noche de 4 de febrero del 2006 en Barcelona. Enfrentamientos durante los cuales un guardia urbano resultó herido de gravedad.

El personaje principal del documental es Patricia Heras, una joven que fue arrestada en un hospital tras sufrir un accidente de bicicleta (podéis consultar su propio relato para haceros una idea de lo demencial que fue el asunto). Su estética y una mala jugada del azar (estar en el lugar y en el momento equivocados) fueron su condena, de manera que la maquinaria represiva (policial y judicial) encontró en ella y su acompañante dos “culpables” más con los que poder inaugurar su particular venganza. Los detenidos sufrieron torturas en comisaría (página 52 y siguientes del informe de Amnistía Internacional enlazado) y un calvario judicial que acabó con diferentes condenas de cárcel. Patricia Heras se quitó la vida mientras cumplía la suya.

El caso en general es un ejemplo de la podredumbre social en la que vivimos, un burdo montaje que involucra desde los más altos cargos políticos a policías condenados por torturas ejerciendo como testigos de la acusación. Un truco tan desalmado como eficaz que deja sobre la mesa la certeza de que la justicia no ofrece las más mínimas garantías para los procesados (si queréis informaros más, consultad esta web). Sin embargo, en lo que nosotros queremos centrarnos en este momento es el papel que han tenido los psicólogos dentro del proceso represivo. Y para ello, citamos la mencionada entrevista:

«Tras haber pasado varios años en la cárcel, Rodrigo nos da su opinión en la puerta del Ateneu Cooperatiu La Base respecto a su no culpabilidad: “En el documental es una cuestión central el hecho de que somos inocentes. Y lo somos, es cierto. También lo es para mi madre y también lo era para mí. Pero después de haber estado tanto tiempo en prisión y haber conocido a mucha gente allí, no haber reconocido nunca mi culpabilidad ya no es tanto una reivindicación de mi inocencia como la prueba de que ellos y su cárcel no han podido conmigo”. Porque, en efecto, si Rodrigo, Juan, Alex y Patri se hubieran declarado culpables; si hubieran «asumido su responsabilidad» una vez que estaban en prisión, la junta de tratamiento habría considerado que se estaban «reinsertando» y habrían accedido antes a permisos penitenciarios y la libertad. Paradójicamente, que un inocente en prisión mantenga su inocencia hace que las condiciones de cumplimiento sean más duras. Como señala Diana Junyent, amiga de Patricia, el único objetivo de los psicólogos mientras ella estuvo en prisión era conseguir que se declarara culpable. Cuando se suicida, estando en tercer grado, no tenía asistencia psicológica, ya que esta se limitaba a intentar conseguir una confesión mientras cumplía condena»

Se podrían escribir páginas enteras a partir de estas pocas líneas, pero creemos que es mucho mejor que cada cual saque sus propias conclusiones. Cabe, eso sí, preguntarse dónde quedan los cantos de la psicología a la objetividad, al rigor científico y el cuidado de la salud mental de los seres humanos. Y eso sin entrar en cuestiones éticas demasiado profundas. A fin de cuentas, un engranaje es un engranaje. Nada más y nada menos. Su único cometido es el cumplimiento de las órdenes, la garantía de que el estado de las cosas que apoyan se mantenga firme. No todos los golpes se asestan con porras y nudillos. Hay otras formas de herir y menoscabar. Consideramos que un salario de funcionario es un precio realmente caro por formar parte del grotesco mecanismo de la infamia. Hurgar en manuales diagnósticos y poner sobre la mesa chantajes para conseguir culpables es una profesión para lo que hay que tener algo más que estómago. Mientras los dedos teclean estas líneas, hay algo un pensamiento que se ha hecho fuerte, una duda, una pregunta que no puede ser contestada: ¿dormirán por las noches los psicólogos que trataron con Patricia Heras durante su condena? Sea como fuere, lo menos que podemos hacer desde aquí es desearles lo peor.

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