“Creerme es crucial”: Cómo hablar con alguien que está oyendo voces; de Lucy Nichol

Sin lugar a dudas, hay una falta de comprensión acerca de la idea de psicosis. De hecho, la misma palabra conlleva ciertas connotaciones que muchas personas encuentras inútiles o angustiantes. Pero, si la palabra no encaja con la experiencia por la que están pasando nuestros seres queridos, no tenemos por qué usarla. Y tampoco tenemos por qué sentir miedo si alguien que conocemos está oyendo voces.

Para alguna gente, la escucha de voces puede ser aterradora. Pero no siempre lo es. Y si la persona que está experimentando la voz, visión, creencia o sentimiento no está asustada, ¿por qué motivo  tendría que asustarse alguien más? El doctor Liam Gilligam, psicólogo clínico en la Norfolk and Suffolk NHS Foundation Trust, sostiene que debemos tratar de aceptar las emociones que presenta la persona que está experimentando dicha visión o creencia. Por ejemplo, si esta persona no está angustiada, ¿por qué abordarla de una manera angustiosa? Esto sólo acabaría con ambas personas preocupadas. Gilligan añade: “Aunque pueda ser difícil, es importante tratar de mantener la calma, ser abierto, y mostrar apoyo a través de la conversación. Las emociones pueden ser contagiosas, en especial si nos sentimos abrumados. Alarmarse o enfadarse pueden convertir la experiencia en algo más angustioso para esta persona. Si alguien está realmente abrumado, hay que intentar hacer las cosas fáciles y mantener la claridad, evitando formas de hablar que puedan llevar a la confusión (por ejemplo, las metáforas o el sarcasmo)”. El doctor Gilligan también sostiene que es importante validar las creencias de la persona. No tiene sentido tratar de cambiar su convicción, pero sí puedes escuchar, comprender, y ofrecer tu apoyo.  “En lugar de discutir sobre esta creencia, haz saber amablemente que no la compartes. Por ejemplo, podrías decir: Vale, entiendo lo que dices, pero no estoy seguro de que lo vea de esa manera…”. “También podrías validar las emociones que hay bajo esa creencia. Diciendo, por ejemplo: ‘Creo que si yo pensase así, eso me haría sentir muy asustado'”.

Rai Waddigham, quien participó en el programa de la BBC Horizon ¿Por qué me volví loca?, experimentó su primera visión a la edad de siete años. Por supuesto, este acontecimiento inesperado la aterrorizó. Ahora, cuando Rai reflexiona sobre sus experiencias puede encontrar un significado en ellas, y ha aprendido a vivir en una mayor armonía con sus voces, visiones, sentimientos, y creencias. Y de igual modo, su familia. Rai nos dice:

“Mis experiencias no vienen con un manual de instrucciones. Si mis amigos, mi familia, o la gente que me apoya quiere entender por lo que estoy pasando, necesitan hablar conmigo de ello. Es de mucha ayuda que se posicionen como aprendices. Si me siento lo suficientemente cómoda como para hablar de ello, puedo enseñarles por lo que estoy pasando. Al hablar con las personas que confío, yo también empiezo a aprender cosas sobre mis experiencias, y a preguntarme cosas de mí misma en las que nunca hubiese pensado. Un ingeniero de sonido me preguntó una vez que si mis voces sonaban diferente en diferentes ambientes, por ejemplo en una habitación pequeña o una catedral enorme. Esa fue una de las mejores preguntas que me han hecho porque ninguno teníamos la respuesta: tuve que atender a mis experiencias de una forma diferente. Más que eso, no era una pregunta sobre ‘salud mental’, él se mostró abierto e interesado por escuchar cómo era esa experiencia para mí. Ese tipo de conversaciones me han hecho sentir menos rara y menos sola”.

Rai concuerda con el doctor Gilligan acerca de aceptar sus voces y sentimientos. Nos dice: “Es importante para mí que mis amigos y mi familia reconozcan que las voces y las visiones son mi realidad; no me las estoy inventando, no son productos de mi imaginación. Las oigo y las veo con la misma claridad que a cualquier otra persona en mi vida. Creerme es crucial. ¿Cómo vamos a hablar de algo que estás cuestionando continuamente? Pero creerme a mí no es creer que las voces están diciendo la verdad. Cuando estoy angustiada, en lugar de decirme que ignore las voces (lo que rara vez funciona), me ayuda que la gente me pregunte que si quiero hablar de ellas. En lugar de apresurarse a negar lo que las voces están diciéndome, es más útil que me pregunten lo que opino sobre lo que dicen. Eso me recuerda que yo también tengo una voz y una perspectiva de las cosas. Entonces podemos hablar sobre cómo es oír esas cosas y pensar juntos sobre lo que hacer”.

Rai oye voces la mayoría del tiempo, pero sólo le resultan angustiantes algunas veces. Explica: “Es útil no hacer suposiciones. Si las voces están siendo difíciles de encajar, normalmente es que algo está pasando en mi vida que me supera”. En lugar de descartarlo, o de tomarlo literalmente, quizá debamos tratar de entender qué está provocando ese estrés para entender el contexto e intentar ayudar a la gente a vivir más allá de las voces. En palabras del doctor Gilligan: “Es importante asegurarse de que haces todo lo que te gustaría hacer como amigo o familiar”. Rai concuerda: “Me ayuda cuando mi familia y amigas no se centran tanto en las voces que olvidan hablar conmigo de las otras cosas que me pasan: empezar en un nuevo trabajo, problemas de relaciones… las cosas normales por las que todos tenemos que pasar”.

Desde luego, si tu amigo o familiar está demasiado angustiado, quizá necesites apoyo para ayudarle. El doctor Gilligan dice: “Si la persona siente que la angustia está siendo incontrolable podría ser el momento de contactar con un grupo de apoyo en salud mental o acudir a Urgencias para que puedan ayudar”.

Pero el punto central es: no tenemos derecho a decidir la manera en la que nuestros seres queridos se sienten sobre sus experiencias. Recordad, algunas de ellas pueden ser increíblemente alarmantes, pero no todas. Y las voces no definen a una persona. Rai concluye: “Soy más que una escuchadora de voces. No quiero que la gente finja que las voces no están ahí, pero tampoco quiero que olviden que también tengo una vida más allá de ellas. No soy mis voces”.

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