Bricolaje humano, o la estética del horror

Retomamos una metáfora a la que ya hemos recurrido en entradas anteriores para referirnos a la contención mecánica en el ámbito de la psiquiatría. Esta vez enlazamos un vídeo de Hospital Universitario de Getafe. Un protocolo. En Youtube.

No hay gran cosa que decir al respecto. Nos ha recordado a muchos otros vídeos de Youtube. Solo hay un detalle que se nos clava en el pecho: las arandelas y alargaderas (y demás material de ferretería empleado) de las que se habla en el didáctico vídeo elaborado por el personal de servicio de la unidad de psiquiatría del Hospital Universitario de Getafe sirven para inmovilizar huesos y músculos, no para armar estanterías. Y los músculos y los huesos pertenecen a seres humanos (esos difusos “pacientes agitados” de los que habla la dicharachera presentadora).

De verdad… ¿es tan difícil no darse cuenta de lo aberrante que es subir algo así a un canal público como Youtube? Si se trata de un aséptico material formativo, y sin entrar a que es tan aséptico que ha borrado cualquier traza de humanidad, ¿no debería al menos albergarse en un canal de uso privado? ¿Alguien se ha planteado que efecto provoca en la gente que ha sido atada contra su voluntad y que han experimentado la contención mecánica en términos de agresión? [Ya hemos publicado algunos testimonios al respecto y esperamos seguir haciéndolo.]

Quizás sean mayoría los profesionales que han logrado normalizar el horror, y este vídeo es un claro ejemplo de ello. Dice Paul Virilio que “en el audiovisual, todo viene a mí, sin necesidad de haber partido”. Aquí no se ha partido de dos lugares esenciales: ni de la ética, ni de la humanidad. Y el resultado es una estética a medio camino entre la nada y una película de terror. Nuestra labor como activistas que negamos el estado de las cosas existente es recordaros que esa película tiene protagonistas. No se trata de una abstracción etérea. Las personas diagnosticadas con problemas de salud mental somos personas. Una aparente banalidad que en estos tiempos aciagos es necesario gritar a los cuatro vientos. Son muchos aquellos a los que se les ha olvidado. No podemos permitirlo. Esperamos que se entienda. Y si no, con el tiempo, que se asuma, porque de veras que no va a quedar otro camino.

 

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