Pon una gran sonrisa cuando te despidan, de Guillermo Rendueles

Periódico Diagonal. Lunes 25 de abril de 2011.  Número 148  Número 149

El autor repasa las tesis de una comisión de la UE creada para “promocionar la salud y el bienestar en el trabajo” y las compara con las del pensamiento positivo estadounidense.

La Unión Europea no sólo impone severas purgas al estado del bienestar en materia de pensiones, empleo o derechos sociales, también se preocupa por la salud mental de los europeos. Junto a los severos comisarios encargados de hacer cumplir los dictados de San Mercado, la UE creó en 2008 una comisión de psicólogos y probos funcionarios para redactar el llamado Pacto Europeo por la Salud Mental y el Bienestar.

Los documentos y recomendaciones que publican son tediosos y tópicos. Tienen un estilo burocrático con los mismos vicios que las encíclicas vaticanas: son textos de instrucciones generales sobre cómo disminuir suicidios, prevenir ansiedades o mejorar el estrés laboral, con pretensiones de ser aplicadas por igual en sociedades tan diversas como Alemania, Grecia o Portugal.

PSICÓLOGOS. Bienestar en el lugar de trabajo.

El pasado mes de marzo la reunión de esa comisión tuvo como tema la Promoción de la Salud y el Bienestar en el Lugar de Trabajo. Junto a los habituales miembros de la oficina europea, esos días fue invitada a participar la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos. Todos juntos parieron unos exhortos al diálogo y la democracia empresarial que complementan la ideología del pensamiento positivo que sirvió en EE UU para individualizar los despidos alejando cualquier respuesta colectiva. Esta ideología, por su inconfundible aroma norteamericano, necesita un envoltorio de “comunicación democrática en la empresa”, con el objetivo de vencer los restos de saber común y escepticismo que aún conservan los trabajadores europeos.

ROE Y ALICIA. ¿Democracia y diálogo en las empresas?

A pesar de la que está cayendo en forma de sufrimientos mentales secundarios al paro y la incertidumbre, el conferenciante estrella del congreso, Robert Roe, se descolgó con unas propuestas para poner en marcha unos programas de “prevención de la salud mental que provean a las empresas de instrumentos que midan la relación entre la salud mental y la calidad laboral”. Trabajo que sobreentiende que en las agendas gerenciales figura el bienestar mental de sus empleados y no el monocorde interés en mejorar las ganancias mediante “redimensionalizar” servicios( despidos y subcontratas) o exigencias de autoexplotación extrema de los trabajadores.

Ante las melifluas propuestas de Roe, que pide a los gerentes que cedan su poder a la autogestión para “trabajar la prevención en salud mental, a través de la asignación de puestos de trabajadores, supervisores y directivos en un clima de diálogo negociado“, uno echa en falta la sinceridad de Jack Welch –apodado Neutron Jack– que, tras despedir a 112.000 trabajadores de la General Electric, prometió en un discurso memorable seguir despidiendo cada año el 10% restante para que todo el mundo supiese que había que rendir al máximo, multiplicar la productividad y vender individualmente la contribución de su trabajo al beneficio de los accionistas de la empresa.

Roe, como Alicia, parece vivir en un país alejado de esos cálculos empresariales de ganancias que presiden, por definición, las lógicas gerenciales y habitar en una tierra de armonía donde gerentes, trabajadores y accionistas dialogan democráticamente sobre cómo gestionar la crisis mediante “la reasignación y reestructuración de los puestos de trabajo (work redesigning) y la apertura de una transparencia comunicativa que tienda –nada menos– que a una democracia organizacional (workplace democracy)”.

SONRÍE O MUERE. Psicología positiva en la crisis económica.

La ensayista estadounidense Barbara Ehrereich en su excelente Sonríe o Muere describe cómo la psico-gestión de la crisis económica en EE UU ha logrado que millones de parados acepten despidos y subempleos (un camarero puede darte una tarjeta de ingeniero informático) con la imposición del pensamiento positivo como ideología dominante. La visita a España, también en el pasado mes de marzo, de Martin Seligman, autor estadounidense de libros de ventas millonarias sobre el aprendizaje del optimismo y gran teórico de esas terapias, con entrevista en El País incluida, anticipa que por ahí vendrá nuestro futuro, por lo que bueno será conocer de qué va el pensamiento positivo de Seligman y no la democracia empresarial de Roe.

La psicología positiva de Seligman es un sistema bastante tosco. Su formulación más pretenciosa es una ecuación: H= f(S,C,V). Es decir, que la felicidad (happiness) depende menos de la situación de partida (S) o las circunstancias (C) junto a (V), los factores que están bajo tu control voluntario.

Poco importa que vivamos en un mundo bueno o malo, los factores cognitivos que están bajo el control del pensamiento son lo que pueden convertir en feliz un trabajo atroz o una situación penosa, si somos capaces de “hacerlo fluir” (Seligman enseña en unas semanas). Una teoría tan magra logra su éxito al articularse como un idealismo pragmático que facilita técnicas para sobrevivir en la jungla social.

La psico-gestión de la crisis en EE UU ha permitido que millones de personas acepten despidos y subempleos

REUBICARSE. ¿Quién se ha llevado mi queso?

Escrito por otro psicólogo estadounidense, Spencer Johnson, el libro ¿Quién se ha llevado mi queso? es una de las ‘biblias’ de la psicología de Seligman. Muchos monopolios americanos regalaron a sus trabajadores esta obra, que vendió 19 millones de copias, antes de anunciarles que iban a ser los siguientes en recoger sus efectos personales y llegar a casa con la típica caja de cartón con las fotos de los niños.

El texto cuenta la historia de unos ratones que descubren, cuando llegan a su base de aprovisionamiento, que su queso ha desaparecido. Algunos ratones se quedan allí lamentándose, tratando de comprender qué ha pasado y buscando porqués. Otros, los supervivientes, exploran el laberinto y encuentran otros quesos mejores que el primitivo. La moraleja fue creída y aceptada por la multitud de americanos despedidos de unas empresas que ofrecían charlas, terapias o servicios de coaching, en lugar de seguros de paro. Estas charlas generaban una cosmovisión de la realidad que permitía ‘reubicarse’ y aceptar sin quejas trabajos de lavacoches por horas.

DESPIDOS. Trabaja y reza más

En EEUU no necesitaban comisiones gubernamentales como en Europa porque el pensamiento positivo se impartía ya en lugares como las macroiglesias de los telepredicadores y los servicios de lucha contra el cáncer. Roger Ziegler gritaba ante 12.000 feligreses: “Si te han despedido no le eches la culpa a nadie: trabaja más y reza más”. Fetiches en forma de ositos o lazos otorgan un carácter positivo a la “experiencia” del cáncer, llegando a aberrantes declaraciones del tipo “mi cáncer fue una suerte”.

Naturalmente, los despidos masivos no crean un buen clima de trabajo, sino más bien un realismo “pesimista” que durante los primeros años de la crisis hizo disminuir la producción en EE UU. Los gerentes llegaron a hablar de sabotaje colectivo contra la empresa (“para lo que me queda dentro, vagueo”). Los consultores llamados para resolverlo decidieron etiquetarlo como ‘depresión colectiva’. Como solución propusieron contratar unos cuantos especialistas en pensamiento positivo que recreasen la confianza en que la empresa buscaba lo mejor para todos y que incluso el despido podía llegar a ser una oportunidad de mejorar.

De nuevo el título de algún libro de autoayuda generó millones en ventas. El pensamiento “me despidieron y eso fue lo mejor que me podía pasar” resulta inconcebible para el sentido común, cuya represión va incluida en el programa con fórmulas como “aléjese de los aguafiestas y de las energías negativas”. Purgar las empresas de gente negativa es otra práctica común. La propia recesión económica se teoriza como pecado contra el pensar en positivo, como un brote colectivo de pesimismo.

La receta estadounidense para alejar el riesgo de cualquier respuesta colectiva ante la crisis fue entonces trabajar en uno mismo, dotarse de nuevas competencias técnicas (máster) y sobre todo mucha motivación y espíritu emprendedor para –como los viejos buscadores de oro– encontrar yacimientos de empleo evitando “pensadores” o “llorones”.

Desde esa perspectiva, ser parado parece algo voluntario, debido a actitudes victimistas. Así, las tasas de paro parecen una alucinación que nada tiene que ver con cada parado concreto y los ricos parecen tales por su arrojo y tesón frente al riesgo.

AUTOENGAÑO. Ciegos ante la lógica del beneficio.

La comisión de la UE para el bienestar y la salud mental critica ese mundo empresarial americano por su excesivo liberalismo y el pensamiento positivo por ingenuo, pero sus presupuestos elevan el nivel de autoengaño inventando una ideología de “democracia empresarial” que opaca la relación real de provecho y dominio que preside la lógica empresarial frente a la crisis.

Naturalmente, aquí como allí, la indefensión del trabajador frente a las grandes corporaciones es la norma, y cuando los de arriba deciden cerrar una empresa por falta de beneficios no hay democracia laboral que valga. Sólo cabe mejorar el capital psico-técnico de cada uno y competir mejor equipado por ese bien escaso llamado salario.

Para no ir muy lejos, así lo reflejan los trabajos realizados en Murcia por Rafael Piqueras y Alberto Rodríguez, que publica la revista de Psicología del trabajo y organizaciones, que confirman las virtudes del pensamiento positivo: muestran cómo los optimistas “pasan menos tiempo en el paro” porque logran un alto nivel de motivación.


SONREIR O AUTOCULPARSE

“En EE UU e incluso en el Reino Unido, una ‘actitud positiva’ es obligatoria en el trabajo. Pueden despedirte por tener una ‘mala actitud’, lo que supone un nuevo nivel de intimidación por parte del empleador”, explica la feminista Barbara Ehrereich, autora de Sonríe o muere: cómo el pensamiento positivo ha engañado a América y al mundo. Ehrereich conectó el pensamiento positivo de las organizaciones de lucha contra el cáncer, que conoció de cerca porque tuvo un cáncer de mama, con la psicología positiva usada para gestionar la crisis: un cáncer o un despido constituyen oportunidades en este marco. En lugar de mirar a los aspectos sistémicos de los problemas, se pone el foco en los personales, dentro de la ideología de la auto-inculpación.


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