La ayuda mutua / El apoyo mutuo; de Piotr Kropotkin

Desde hace tiempo, hablar de apoyo mutuo en salud mental se ha convertido en una constante. Lo que no acabamos de tener claro es si existe algo parecido a un consenso acerca de lo que es, o cuando menos, acerca de lo que no es. En esta web hemos publicado materiales sobre el tema y quizás sea interesante ahondar en él. En cualquier caso, si nos remitimos a lo básico y elemental, a ese propio concepto de apoyo entre iguales, encontramos con demasiada frecuencia una falta de conocimiento sobre sus raíces históricas, y, por lo tanto, de las implicaciones que dicho origen tiene a la hora de pensar cómo opera la solidaridad entre personas que sufren o han sufrido psíquicamente. Mucho nos tememos que hay un gran número de personas que en principio son partidarias de este tipo de prácticas, pero que nunca han reflexionado en detenimiento sobre lo que supone establecer mecanismos relacionales que constituyen una antítesis de los valores dominantes dentro de la sociedad que vivimos. Se trata no tanto de un taller o una actividad de carácter funcional que resulta susceptible de ser implantada en una determinado servicio hospitalario o en una determinada asociación (dentro pues del abanico habitual de ofertas que tienen una vocación terapéutica), como de una apuesta ética que reconoce la validez del conocimiento acumulado en primera persona por quienes deciden libremente sentarse y compartir.

Por todo lo dicho en el anterior párrafo, nos ha parecido oportuno compartir con nuestras lectoras y nuestros lectores La ayuda mutua (o El apoyo mutuo, según la edición de que se trate), porque pese a ser un texto de 1902 que no aborda ni mucho menos cuestiones de salud mental, nos parece crucial para poder pensarla. Piotr Alekséyevich Kropotkin es sin duda uno de los principales y más agudos teóricos del anarquismo del siglo pasado, de origen aristocrático, fue geógrafo de formación, eterno represaliado por la policía de varios países y prolífico escritor. Sus textos están escritos con la clara vocación de ser comprendidos, por lo que pese a haber pasado un siglo largo, su escritura es cercana y completamente accesible.

Sobre el título de la obra, y dado que lo pensamos desde precisamente el sufrimiento psíquico (lo cual puede resultar injusto para con el propio texto, pero desde una perspectiva anarquista los libros son herramientas de transformación social), nos quedamos con la idea de “apoyo” frente a “ayuda”… el apoyo es bidireccional y permite la creación de estructuras que resisten los envites del mundo, mientras que la ayuda evoca un carácter más puntual y tiende a ser ejercido en una única dirección: la que se establece desde el que ayuda hacia el ayudado.

Para finalizar, en cuanto a la traducción, en los dos enlaces anteriores compartimos pdf´s de libre acceso, pero recomendamos la que recientemente ha realizado la editorial Pepitas de Calabaza, de cuya presentación extraemos el siguiente fragmento:

En su versión divulgativa, la teoría de la evolución de Darwin suele llegarnos filtrada por la ideología capitalista, que se ha apropiado de ella para justificar científicamente sus presupuestos. Así, la victoria en la famosa «lucha por la vida» ha pasado en el imaginario occidental a ser patrimonio de «los más fuertes». Sin embargo, esta simplificación interesada no figuraba como tal en la teoría de Darwin, que se inclinaba más por la figura de «los más aptos».

Aunque Piotr Kropotkin no fue el primero que denunció esta grosera manipulación, sí fue el primer naturalista que estuvo en condiciones de ofrecer un estudio pormenorizado de sus implicaciones. Y lo que Kropotkin descubrió puede ser fácilmente resumido: «Los más aptos» no tienen por qué ser los más fuertes ni los más individualistas, sino los que mejor se adaptan al entorno. Y las especies que más posibilidades tienen de sobrevivir son aquellas que saben encontrar en la solidaridad la mejor arma para asegurar su devenir. Así aparecen las nociones de «apoyo mutuo» y de «ayuda mutua». Pero Kropotkin no se limitará a ofrecer una explicación ajustada de los presupuestos de Darwin, sino que, sacando las conclusiones antropológicas y políticas oportunas, extenderá su razonamiento a la sociedad humana en su conjunto. De esta forma identificará las circunstancias y procesos históricos que demuestran que es a través del apoyo y la ayuda mutua —y no a través de la lucha despiadada de «todos contra todos»—, como las sociedades humanas han podido extenderse y afianzarse, identificando los periodos de mayor expansión de esta idea con aquellos en los que el ser humano ha logrado dar lo mejor de sí mismo como especie y como conjunto de individuos. Ya desde su primera edición en 1902, El apoyo mutuo se convirtió en un libro de culto que, si bien ha sido ampliamente frecuentado por diversas tradiciones anarquistas, todavía no ha agotado su poder de seducción y de inspiración para cualquier propuesta que se niegue a aceptar el desastre como escenario inevitable en el futuro.

[…] Las especies animales en las que la lucha entre los individuos ha sido reducida al mínimo y en las que la práctica de la ayuda mutua ha alcanzado el máximo desarrollo son, invariablemente, las especies más numerosas, las más florecientes y más aptas para el progreso. […] En la práctica de la ayuda mutua, cuyas huellas podemos seguir hasta las más antiguas fases de la evolución, hallamos el origen positivo e indudable de nuestras concepciones éticas; y podemos afirmar que el principal papel en la evolución ética de la humanidad fue desempeñado por la ayuda mutua y no por la lucha mutua. En la amplia difusión de sus principios, incluso en la época presente, vemos también la mejor garantía de una evolución aún más elevada del género humano.

 

Politizar la tristeza; del Colectivo Situaciones

Publicado originalmente en Chto delat? Nº 16 “Potentialities beyond Political Sadness”, Marzo 2007.

A más de cinco años de los sucesos insurreccionales de aquel diciembre argentino del 2001, constatamos hasta qué punto fueron variando las interpretaciones y estados anímicos en torno a aquel acontecimiento. La tristeza fue el sentimiento que acompañó, para muchos de nosotros, una fase de este sinuoso devenir. Este texto rescata un momento de la elaboración de “esa tristeza” con la intención de ir más allá de las nociones de “victoria y derrota” propias del ciclo anterior de politización, centrado en la toma del poder del estado, y a la vez compartir un procedimiento que nos permitió “volver público” lo que era un sentimiento íntimo de personas y grupos.

La tristeza llegó luego del acontecimiento: a la fiesta política –de lenguajes, de imágenes, de movimientos– le siguió una dinámica reactiva, dispersiva. Y, junto con ella, lo que entonces se vivió como una disminución de las capacidades de apertura e innovación que aquel acontecimiento había puesto en juego. A la experiencia de invención social (que implica siempre también la invención del tiempo) le sucedió un momento de normalización, y se declaró el “final de fiesta”. Según Spinoza, la tristeza consiste en un estar separados respecto de nuestras potencias. Entre nosotros la tristeza política tomó muchas veces la forma de impotencia y melancolía ante la creciente distancia entre aquel experimento social y la imaginación política capaz de desarrollarlo.

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