Diálogo Abierto para revertir la cronificación; conferencia de Jaakko Seikkula

Esta conferencia tuvo lugar en Barcelona el 20 de octubre de 2018 en el marco de las I Jornadas Internacionales de Nueva Psiquiatría, asociación con la que no tenemos y no queremos tener nada que ver (aquí reproducimos en su momento un texto de una compañera reflexionando sobre la misma). Eso no quita para que la ponencia de Jaakko Seikkula tenga interés y utilidad. Si queréis seguir aprendiendo sobre Diálogo abierto, os animamos a buscar en nuestra web, porque hay varias publicaciones al respecto.

Nuevo y viejo fascismo y terapia electroconvulsiva

El siguiente texto ha sido elaborado tras la lectura de la noticia de que en Brasil, una vez consumada la victoria electoral del ultraderechista Jair Balsonaro, se reactiva desde el Ministerio de Salud el uso del electroshock en pacientes psiquiátricos. Recomendamos leer este artículo primero para ponerse en contexto.

A nadie se le escapa que está habiendo un ascenso de la extrema derecha a posiciones de poder en diferentes Estados. Donald Trump no fue el primero, pero quizás sí el más sonado. Sus discursos vacíos de argumentos y llenos de odio no solo no han tenido como consecuencia un rechazo por parte del electorado, sino que han recibido un apoyo masivo. Si el país más poderoso del mundo aúpa a la presidencia los planteamientos más reaccionarios, no es de extrañar que otros países hayan seguido su ejemplo. Entre estos se encuentra Brasil, donde Jair Bolsonaro consiguió ganar las elecciones con un discurso basado en la violencia contra indígenas, mujeres o el colectivo LGTBI+. Las personas con problemas de salud mental no están exentas de esta violencia, pese a que no hayan recibido la misma visibilidad ni muestras de apoyo. La mera existencia del sufrimiento psíquico pone sobre la mesa cuestiones sobre la sociedad, el mundo laboral, el género, el racismo, la uniformidad, las instituciones o los cuidados. Todas estas cuestiones están atravesadas por relaciones de poder, por lo que no debe extrañarnos que el poder niegue su relación con el sufrimiento psíquico.

Experiencias poco usuales, como los delirios y alucinaciones, depresiones fuertes, pensamientos de suicidio o ataques de ansiedad, deben ser tapados antes de que surja la necesidad de buscarles explicaciones que podrían llevar a cuestionar el mundo en que vivimos. No sabemos si el exceso de poder genera sufrimiento psíquico, pero sí que sabemos que hay una constante voluntad de bloquear la posibilidad de pensarlo. Para llevar a cabo este bloqueo, el poder dispone de dos estrategias. La primera es anticipar una explicación que impide elaborar otras explicaciones. Una explicación que tapa a otras, que las invalida. La explicación biologicista cumple la función de descontextualizar a las personas, considerarlas fuera de sus familias, vecindarios, barrios, ciudades, trabajos, países (en guerra, en crisis económica…). La segunda estrategia es la de tapar a la persona. Anteriormente esto sucedía de forma literal, se encerraba a la persona con sufrimiento psíquico en un manicomio. Actualmente, pese a que este tipo de encierro sigue teniendo lugar, la mayor parte del esfuerzo se pone en tapar las experiencias. No tanto ayudando como invisibilizando, infantilizando, devaluando, deslegitimando, medicalizando. Una de las técnicas que van en esta dirección es la Terapia Electroconvulsiva (TEC, popularmente conocida como electroshock), y creemos que no es casualidad que una de las primeras medidas del Ministerio de Salud de Bolsonaro haya sido retomar la TEC en Brasil tras haber estado prohibidos desde hacía una década.

Podemos enumerar una serie de motivos por los cuales nos parece que esta técnica no es legítima. Algunos de los cuales son:

Arquitecturas del fracaso

Con esta entrada queremos inaugurar un contenido participativo donde cualquiera (sea una persona que haya sido ingresada, un profesional o un familiar) pueda contribuir. La idea es sencilla: ofrecer a quienes no están familiarizados con las plantas de psiquiatría descripciones físicas de las mismas.

No queremos entrar en valoraciones sobre otras cuestiones relevantes de estos espacios (como puede ser el grado de medicación que hay o el trato dado por los trabajadores), eso daría para otras entradas de la web. No hacen falta grandes disquisiciones, nos hemos dado cuenta de que la fría descripción de la arquitectura, de los espacios, del mobiliario, es suficiente para visibilizar una realidad que es ajena a la mayoría de ciudadanos. La salud mental sigue siendo un tabú en nuestra sociedad, por eso la gente se queda completamente descolocada cuando descubre que las contenciones mecánicas son una práctica absolutamente generalizada o que la mayoría de plantas de psiquiatría parecen diseñadas para morirse de pena dentro de ellas.

Existe una contradicción esencial que hay que señalar tantas veces como sea necesario: ¿cómo poder recuperarse (ya que entendemos que la recuperación es el objetivo, el nuestro y el de los profesionales, al menos sobre el papel) en un espacio que al ser diseñado no parece haber tenido en cuenta para nada este objetivo?

Podéis mandar vuestros textos a psiquiatrizadxsenlucha@gmail.com

Jiménez Díaz (Madrid). La planta de hospitalización psiquiátrica es la séptima. El recuerdo está algo nublado, la medicación que se toma durante los días que estamos dentro impide recordar con nitidez. Aún así, entre la bruma rescato el pasillo amplio. A ambos lados de las paredes se distribuyen las puertas de las habitaciones, que estarán habitualmente cerradas con llave salvo el momento previsto para la siesta y el sueño nocturno. En las habitaciones, compartidas, no hay baño propio. Los baños y las duchas son comunes para todas las personas ingresadas —las profesionales sí cuentan con baño propio—. Tres baños con ducha para la ¿veintena? de personas ingresadas; uno de los cuales también está habitualmente cerrado con llave salvo en el horario de ducha matutina. Los otros dos baños, uno para mujeres y otro para hombres. El de mujeres, que es el que yo conozco, es amplio y tiene forma de letra L. En la parte pequeña está el retrete, sin ninguna separación con la parte alargada (ni puerta, ni cortina, ni biombo, ni nada que pueda dar una mínima intimidad). Las pacientes utilizamos el servicio a la vez que a medio metro y sin ninguna separación otras compañeras cuelgan en el tendedero la ropa interior que acaban de enjuagar o se lavan los dientes en el lavabo, en el mismo espacio. Sorprendentemente, cuando la enfermera de la noche nos pregunta por “el número de deposiciones de ese día”, luego debe pasar a entregar laxantes a la mitad de la planta; en esas condiciones nuestros cuerpos no consiguen regular por sí mismos la función intestinal de forma sana.

PTS (Granada / inaugurado en 2016). Un segundo piso. Para entrar hay que flanquear dos puertas, la segunda no se abre hasta que la primera está cerrada y la persona al otro lado de la videocámara da el visto bueno (en los calabozos de una comisaría o en las galerías de una cárcel se usa el mismo método, solo que con barrotes). La luz natural no abunda demasiado dependiendo de la hora del día. Habitaciones con el mobiliario atornillado al suelo, ventanas cerradas sin pomos, rejas y una cámara en una de las esquinas superiores. Un largo pasillo distribuye las habitaciones a ambos lados, cada pesada puerta de marco metálico tiene una mirilla. Nada más entrar hay una “pecera” que separa a los profesionales de las personas ingresadas. Existen dos habitaciones más: una de actividades y otra donde se come y se puede estar con las visitas. Prácticamente todo es blanco y gris.  El contacto de la infraestructura con el exterior se reduce a: 1) un patio acristalado de reducidas dimensiones con un futbolín y asientos de plástico; 2) los ventanales de la habitación de actividades son amplias y permiten ver Sierra Nevada más allá de la autovía, casi parece irreal.

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