Antipsiquiatría. Hacia la Salud Mental; número extra de Ajo Blanco (1978)

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Feminismos y cultura terapéutica: La tiranía de las emociones; de Laura Yustas

Compartimos la traducción al castellano de un texto publicado en la revista Catarsi el pasado 31 de agosto de 2021. Creemos que es una aportación valiosa al actual debate (en construcción) que sobre la cultura terapéutica se está dando en el seno de algunos colectivos y movimientos sociales. Por nuestra parte, nos gustaría realizar algunas apreciaciones que pensamos pueden contribuir a centrar la crítica:

– Un artículo contribuye a un debate, pero no lo zanja por sí mismo. Esta afirmación vale para el que a continuación presentamos, pero también para el resto de los materiales que compartimos y generamos. Como norma general, valoramos más las aportaciones que las carencias. Crear siempre será más complicado que simplemente evaluar.

– No creemos que la controversia esencial planteada en el texto sea terapia sí o terapia no. Sabemos en primera persona de la necesidad de acompañamiento especializado en determinadas situaciones de sufrimiento psíquico. Eso es compatible con considerar que nos encontramos en un momento histórico caracterizado por una psicopatologización generalizada que contribuye a reforzar una concepción individualista de la existencia. Nos interesa sentar las condiciones que nos permitan pensar cómo ese fenómeno engendra una emergencia de soluciones profesionales que su vez lo agudizan y reproducen, a la vez que dificulta (más todavía) la acción colectiva.

– Tampoco pensamos que el asunto que nos ocupa vaya de emociones sí y emociones no. Las emociones existen, no pueden sacarse del debate y de la política. La cuestión es cómo tratarlas, cómo significarlas, qué espacio darles, en qué circunstancias, etc.

– Por último, nos gustaría hacer una pequeña apreciación sobre el hecho de que la autora considere a la terapia Gestalt como una “terapia pseudocientífica”. No tenemos ningún aprecio especial a dicha terapia, y de hecho esperamos que en algún momento se analice su influencia y efectos en determinados espacios políticos, pero sus carencias y peligros no se deben a carecer de fundamento científico. La relación entre la psicoterapia y la “evidencia científica” es tremendamente conflictiva, como revela la propia investigación que hay al respecto, pero esta es una cuestión que desborda el marco de sentido de estas líneas.

Para autores como Eva Illouz, Frank Furedi o Vanina Papalini —entre otras— en las últimas décadas las sociedades del capitalismo avanzado han sufrido un giro terapéutico. Para explicar qué es la cultura terapéutica, qué relación tiene con los feminismos y qué consecuencias puede generar en las luchas sociales actuales, es necesario hablar de los años 60-70 del siglo pasado. La socióloga Eva Illouz ha explicado cómo, antes de poder decir que «lo personal es político», la psicología y el feminismo tuvieron que inventar nada menos que la intimidad, es decir, lo personal. Y esta creación la hicieron conjuntamente, dentro de una alianza simbólica, en especial en lo relacionado con el cuestionamiento de la familia tradicional.

No obstante, a lo largo de las décadas la cultura terapéutica ha supuesto la priorización de lo privado (individual y de grupo) en detrimento de los compromisos sociales y colectivos. Su marco cultural ha llegado a todos los ámbitos de nuestra sociedad. Como explica Illouz, la obligación de una «gestión emocional» basada en el modelo psicologicista ya forma parte de la cultura popular (vía autoayuda), las instituciones, las empresas o las escuelas. Aunque popularmente se habla de la necesidad de desestigmatizar la terapia, la realidad es que la cultura terapéutica es hegemónica dentro y fuera de los feminismos.

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