“Creerme es crucial”: Cómo hablar con alguien que está oyendo voces; de Lucy Nichol

Sin lugar a dudas, hay una falta de comprensión acerca de la idea de psicosis. De hecho, la misma palabra conlleva ciertas connotaciones que muchas personas encuentras inútiles o angustiantes. Pero, si la palabra no encaja con la experiencia por la que están pasando nuestros seres queridos, no tenemos por qué usarla. Y tampoco tenemos por qué sentir miedo si alguien que conocemos está oyendo voces.

Para alguna gente, la escucha de voces puede ser aterradora. Pero no siempre lo es. Y si la persona que está experimentando la voz, visión, creencia o sentimiento no está asustada, ¿por qué motivo  tendría que asustarse alguien más? El doctor Liam Gilligam, psicólogo clínico en la Norfolk and Suffolk NHS Foundation Trust, sostiene que debemos tratar de aceptar las emociones que presenta la persona que está experimentando dicha visión o creencia. Por ejemplo, si esta persona no está angustiada, ¿por qué abordarla de una manera angustiosa? Esto sólo acabaría con ambas personas preocupadas. Gilligan añade: “Aunque pueda ser difícil, es importante tratar de mantener la calma, ser abierto, y mostrar apoyo a través de la conversación. Las emociones pueden ser contagiosas, en especial si nos sentimos abrumados. Alarmarse o enfadarse pueden convertir la experiencia en algo más angustioso para esta persona. Si alguien está realmente abrumado, hay que intentar hacer las cosas fáciles y mantener la claridad, evitando formas de hablar que puedan llevar a la confusión (por ejemplo, las metáforas o el sarcasmo)”. El doctor Gilligan también sostiene que es importante validar las creencias de la persona. No tiene sentido tratar de cambiar su convicción, pero sí puedes escuchar, comprender, y ofrecer tu apoyo.  “En lugar de discutir sobre esta creencia, haz saber amablemente que no la compartes. Por ejemplo, podrías decir: Vale, entiendo lo que dices, pero no estoy seguro de que lo vea de esa manera…”. “También podrías validar las emociones que hay bajo esa creencia. Diciendo, por ejemplo: ‘Creo que si yo pensase así, eso me haría sentir muy asustado'”.

Contenciones mecánicas: modelo de denuncia

Os facilitamos un documento base con el que poder redactar una denuncia en el caso de haber pasado por una contención mecánica en el ámbito de la salud mental y considerar que nuestros derechos como pacientes han sido vulnerados.

Como siempre que se presenta una denuncia en un juzgado, hay que llevar dos copias: una para ellos y otra para el denunciante (al que se le devolverá sellada).

La denuncia deberá acompañarse de toda la documentación pertinente que permita demostrar los hechos en ella descritos. Tal y como es el caso de los partes de lesiones.

Denunciar no garantiza ser protegidos por el sistema judicial, pero lo cierto que es algo que se hace en pocas ocasiones. Y algunas de ellas han sido condenados los hospitales donde se produjeron las contenciones mecánicas. La impunidad con la que tiene lugar esta práctica dentro de la atención psiquiátrica solo se comprende en un marco de completa opacidad. Ni la sociedad civil ni las instituciones que deben garantizar nuestros derechos suelen saber nada de lo que sucede cuando una persona es ingresada. Este hecho responde al menos a dos factores: la falta de interés por los problemas relacionados con la salud mental y el poco margen de acción que hemos tenido históricamente los pacientes psiquiátricos para denunciar nuestra situación. El activismo en salud mental que desde hace algunos años viene recorriendo el Estado español de parte a parte trabaja activamente por revertir ese escenario. Queremos abrir un verdadero debate social sobre la salud mental y, a la vez, queremos dotarnos de recursos y herramientas con los que defendernos de los mecanismos de opresión que nos atraviesan.

Modelo de denuncia

Este documento se inserta en la campaña #0contenciones, puedes encontrar más información en 0contenciones.org

Horror vacui. A propósito de la campaña #0contenciones, breves reflexiones personales; de Fernando A.

En toda crítica estratégica, lo esencial es colocarse en el punto de vista exacto de los actores; es cierto que eso es a menudo muy difícil.

Clausewitz, 1815.

¿Se puede hacer una asistencia sin contenciones mecánicas? Sí. ¿Se puede hacer una asistencia sin contenciones mecánicas en Madrid? No… O creo que no. O sería muy difícil hacerla.

Ignacio García Cabeza, psiquiatra, UHB Hospital Gregorio Marañón, 2016

Ante todo, y antes de empezar a escribir, quiero dejar claro que lo que voy a contar es mi propia experiencia, se ciñe a mi biografía y su sucesión de contextos y no pretendo llevar a cabo generalizaciones a la ligera. Cuando quiera ser tajante con algo, se notará en mi escritura.

Una vez arrancada la campaña #0contenciones se han sucedido numerosas reacciones. La mayoría han sido positivas, la gente ha compartido sus experiencias en primera persona, muchos profesionales se han manifestado a favor de abolir el uso de correas, se han recabado apoyos de distintos movimientos sociales, ha habido una demanda colectiva de información sobre el tema, etc. Por supuesto, también se ha dado alguna dosis (pequeña y aislada) de cuñadismo y un cierto escepticismo por parte de algunos profesionales y familiares… “Y si no hay contenciones mecánicas, ¿qué es lo que habrá?, ¿cómo se gestionarán todas esas situaciones extremas que se supone que están en la base de la práctica de atar a la gente a la cama en las unidades de psiquiatría?”. Horror vacui.

Voy a tratar de plantear mi posicionamiento al respecto y llevar a cabo un cierto ejercicio de introspección que espero que al menos propicie la reflexión y (ojalá) el diálogo.

Lo primero que hay que dejar claro es que el uso de correas supone una vulneración de derechos esenciales. No lo digo yo, lo hace la ONU. Es decir, que cuando en mitad de una crisis (o no, porque conocemos plantas de psiquiatría donde también se ata como medida preventiva o como castigo), la solución de quienes deben acompañarte en la recuperación pasa por atarte con correas se produce una vulneración de los derechos humanos. En jerga legal, estamos frente a “un trato inhumano y degradante”.  El que lleve mucho tiempo haciéndose así (pues amarrar a los locos viene de muy lejos en la Historia) no lo justifica, solo pone en evidencia la existencia de una correlación de fuerzas desfavorable donde las personas que son sistemáticamente atadas por su condición de pacientes psiquiátricos no han podido superar las condiciones objetivas en las que están inmersas. Sin embargo, la vida humana alberga la posibilidad del cambio, y eso es lo que la hace especialmente valiosa. Las fuerzas mutan. Y al hacerlo, los derechos humanos pueden servir como palanca que permite desviar el orden de cosas establecido. Estos  derechos son algo que la comunidad internacional se dio así misma tras la tragedia que supuso la primera mitad del siglo XX (dos Guerras Mundiales, dictaduras, campos de concentración, esterilización forzosa, cámaras de gas, etc.), y nos permiten disponer de “parámetros de acción para los Estados y los individuos: los preceptos internacionales acerca de los derechos humanos imponen unas líneas de conducta, exigen a los gobiernos que obren de cierta forma y al mismo tiempo legitiman a los individuos para que eleven bien alto su voz si aquellos derechos y libertades no son respetados” (Los derechos humanos en el mundo contemporáneo, Antonio Cassese, Ariel, 1993). Así que nadie puede llevarse las manos a la cabeza por nuestra lucha: es legítima, es justa y la vamos a ganar. De lo que se trata es de que la victoria se produzca tan pronto como sea posible.

Lo segundo que me gustaría señalar es que cuando se exige a las activistas que están llevando a cabo la lucha por la abolición de las contenciones mecánicas una alternativa a las mismas se produce un fraude argumentativo. No hay alternativa a una violación de los derechos humanos… la alternativa a la prohibición que impedía a las mujeres votar era su derogación, la alternativa a la segregación racial fue el cese de la misma, la alternativa a la falta de un techo bajo el que vivir es el derecho universal a la vivienda, etc. No parece muy complicado de intuir si nos salimos de los parámetros de la salud mental. La alternativa a las contenciones mecánicas es su desaparición.

Nuestra responsabilidad como activistas no es la de gestionar servicios de salud o establecer los planes de estudio de determinadas disciplinas, ya hay gente con nombres y apellidos que se dedica a ello y cobra un salario a cambio. El hecho de que no se les ocurra otra medida que el atar a alguien cuando no se le sabe acompañar en su sufrimiento supone un déficit conceptual y humano del que ni podemos ni queremos hacernos cargo. No hay caminos intermedios, no hay usos racionales de un recurso irracional. Es tan solo a partir de este punto cuando podemos intentar ponernos de acuerdo desde distintos lugares, nosotros ya lo hemos hecho, por eso trabajamos codo con codo profesionales que no quieren atar a nadie y personas diagnosticadas que buscan un escenario donde las correas dejen de existir. Pero exigir desde el fracaso (porque inmovilizar a alguien en un lugar donde se debería trabajar por su cura es siempre el exponente de un colapso) con tono airado que el otro tenga talante propositivo denota cierto infantilismo. Se agota la segunda década del siglo XXI y atar a la gente va a dejar de ser una opción, cada cual debe tomar posiciones y asumir responsabilidades.

Ahora bien, si de lo que se trata es de hablar sin reduccionismos, de escucharnos sin prejuicios, hagámoslo.

Subscribe to RSS Feed

Uso de cookies

primeravocal.org utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies