Fragmento de «El gobierno del alma»; de Nikolas Rose

Compartimos los primeros capítulos traducidos del libro Governing the Soul: The Shaping of the Private Self, de Nikolas Rose, publicado originalmente en 1989.

Nuestras vidas íntimas, nuestros sentimientos, deseos y aspiraciones parecen ser esencialmente personales. Al vivir en un tiempo en el que estamos rodeados de información pública sobre problemas que se presentan como abrumadores —guerra, hambrunas, injusticia, pobreza, enfermedades, terrorismo— nuestros estados mentales, las experiencias subjetivas y las relaciones íntimas se ofrecen quizás como el único lugar donde encontrar nuestros yoes privados reales. Es, sin duda, muy cómodo apoyarse en tal creencia. Pero esta es profundamente engañosa.

Nuestras personalidades, subjetividades y «relaciones» no son cuestiones privadas, si por ello entendemos que no son objetos del poder. Por el contrario, están intensamente gobernadas. Quizás siempre lo estuvieron. Las convenciones sociales, el escrutinio de la comunidad, las formas legales, las obligaciones familiares y los mandatos religiosos han ejercido un intenso poder sobre el alma humana en tiempos pasados y en distintas culturas. La conducta, el habla y la emoción han sido examinados y evaluados a partir de los estados internos que ellos manifiestan, y se ha intentando alterar lo visible de la persona actuando sobre su mundo interior invisible. Los pensamientos, sentimientos y acciones pueden parecer el tejido mismo que constituye el yo íntimo, pero están socialmente organizados y administrados hasta en sus más pequeños detalles.

Sin embargo, la gestión del yo contemporáneo se distingue, al menos, en tres cuestiones. Primero, las capacidades personales y subjetivas de los ciudadanos han sido incorporadas al ámbito y las aspiraciones de los poderes públicos. Esto no sólo se vincula con el nivel de las especulaciones políticas abstractas, sino también con el nivel de las estrategias sociales y políticas y de las instituciones y técnicas de administración y regulación. Aunque sería demasiado decir que nuestros gobernantes interpretaron sus tareas enteramente o en buena medida en términos de la vida interior de los ciudadanos, la subjetividad ha entrado en los cálculos de las fuerzas políticas sobre el estado de la nación, sobre los problemas y posibilidades que enfrenta un país, sobre prioridades y políticas. Los gobiernos y los partidos de todo el espectro político han formulado políticas, preparado maquinarias, establecido burocracias y promovido iniciativas para regular la conducta de los ciudadanos, actuando sobre sus capacidades y predisposiciones mentales.

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